
Entre todos están criando un niñato consentido, creando un monstruo que, al final, acabará devorándolos a dentelladas como Saturno a sus hijos.
Pocas veces estuvo tan claro el hecho de que, para los ciudadanos periodistas, nunca se trata de lo que se dice sino de quién lo dice. Hay quien puede hacer y decir lo que le venga en gana, ya sea encararse con los rivales, autoproclamarse el rey, el mejor, o acusar a un club rival de robar. Si lo hace Lamina Yamal, del Barça y la Selección Española, se buscarán mil y un excusas, mil y un argumentos para disculparle y minimizar los daños. Si lo hace otro, pongamos que Vinicius, no le salva nadie del pelotón de fusilamiento.





