Mientras a uno se le disculpa haga lo que haga, contra el otro se va con todo. Y siendo más grave lo del primero, sólo al segundo se le pide, se le exige, que pida perdón.

Choca bastante que para uno se busquen atenuantes hasta debajo de las piedras y pala el otro no haya ni un ápice de misericordia. A uno se le disculpa todo, contra el otro se arremete sin piedad. Pareciera que estaban esperando un desliz así para, sin oposición alguna, sacar toda la artillería pesada. Al que acusó a otro club de ser un ladrón en ningún caso se le pide que se disculpe, ni tan siquiera en privado. Al que reaccionó mal, muy mal, al ser sustituido, se le exige que pida perdón ante todo el universo. En realidad no quieren sus disculpas, lo que quieren es que se humille.

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