
Como Sísifo, el Madrid está condenado a subir una piedra a la cima de una montaña para, al menor tropiezo, ver cómo la piedra cae y tener que comenzar otra vez desde lo más bajo, desde cero.
De vuelta a la casilla de salida, como si se tratase de un juego de mesa. O directamente la cárcel, y sin cobrar, como sucede en el Monopoly. Cada derrota del Real Madrid supone un retroceso a los inicios cuando todo era oscuridad, llanto y crujir de dientes. Todo lo conseguido desaparece, se va por el sumidero, nada está bien, todos están mal. El Madrid es como Sísifo, condenado a subir eternamente una piedra a la cima de una montaña y, cada vez que lo conseguía, la piedra bajaba rodando hasta la base para tener que recomenzar otra vez.





