
9 de noviembre de 2025
Rayo Vallecano 0 – 0 Real Madrid
Mal día para intentar borrar la mala imagen del equipo en Liverpool. Cada tropiezo del Madrid hace que gran parte del madridismo se cuestione todo el proyecto de Xabi Alonso. Partido importante antes de otro insufrible parón de selecciones.
Antes del encuentro, el Rayo y el Madrid homenajearon a Laurie Cunningham, mítico jugador que militó en ambos equipos. El bueno de Laurie no pudo triunfar en el Madrid debido a sus lesiones. Era una época en la que los equipos españoles solo tenían dos extranjeros. El otro era don Uli Stielike. Hoy en día no nos vendría mal un Stielike en la plantilla.
El CTA ha enviado a Vallecas a Juan Martínez Munuera, con el que el Madrid tan solo ha ganado 27 de 44 partidos, el 61%. En el VAR está Figueroa Vázquez, sospechoso habitual que suele avisar al árbitro principal solo cuando conviene a a los intereses del Fútbol Club Barcelona. En mi libro Madridismo sin complejos: contra todo, contra todos pueden leer sobre ambos. Tienen numerosos antecedentes. Curiosamente Juan Martínez Munuera parece abonado a los Rayo – Real Madrid. Sospechosamente el CTA le ha designado para los tres últimos enfrentamientos en Vallecas entre ambos equipos. El Real Madrid no ganó ninguno. Dos empates y una derrota. Este es el cuarto Rayo – Real Madrid consecutivo que arbitra. Como se le da bien, para qué cambiar. Esta es la renovación del CTA. El árbitro que forma parte del comité de designación es Teixeira Vitienes, célebre por sacarle dos amarillas a Sergio Busquets y no expulsarle en los años más duros del negreirato. Teixeira ha decidido seguir el modus operandi de Medina Cantalejo. Si algo funciona, para qué cambiarlo.
Ir a Vallecas es como ir a Getafe. Es Corea. Es Vietnam. Excepto en los años suicidas de Paco Jémez, el Rayo siempre es un rival que vende cara la derrota. Juegan once pero parecen veintidós. Están por todas partes. Son más pequeños, pero muy correosos. Surgen de entre los arrozales y emboscan a los jugadores del Real Madrid, que parecen la mitad. Dominan a la perfección su campo de batalla. Cualquier ejército que ose entrar en ese territorio va a sufrir para llevarse algún punto. Recuerdo que en la época del Nuevo Testamento madridista, en la era de Cristiano, el Madrid ganó un partido aquí gracias a un taconazo del mejor siete de la historia. No había espacios. El terreno de juego estaba ocupado por miles de jugadores rayistas. No había por dónde moverse. No había huecos. Cristiano inventó una genialidad que nadie esperaba. Solo otra genialidad nos va a permitir ganar aquí.
El Rayo plantea una pequeña batalla en cada porción de terreno. Pueden dividir el campo en cuadrículas de veinticinco metros cuadrados. Soluciones habitacionales, que diría el Gobierno. Es una batalla de Stratego. Si un jugador del Madrid sale airoso de una casilla, se encuentra otra dura batalla en la casilla contigua. Al Madrid le resulta dificilísimo llegar a la frontal rayista. El Rayo ataca con muchos efectivos, suele poblar el área con varios jugadores e intenta centros laterales rasos, a media altura y por alto. De esos que el Madrid históricamente no sabe defender.
El Madrid no está junto. Hay mucho espacio entre las líneas. Cuando un jugador recupera el balón lo pierde enseguida por la presión del vallecong. Están por todas partes. No hay forma de encontrar al soldado Kylian. Está totalmente desaparecido. Vini intenta conducir el balón y llevarlo hasta él, pero para ello tiene que sortear varias minas antipersona y también a Ratiu. Esperemos que salga de Vallecas con las dos piernas y los testículos intactos.
El partido se desarrolla en las casillas centrales del tablero. Apenas hay oportunidades. Ninguna clara. Centrocampismo centrado. Intensidad por ambos ejércitos. Lo que se le pide al Madrid en estos partidos es que iguale la intensidad del rival. Suele hacerlo. Hoy también. Pero es incapaz de controlar el partido. El balón parece una liebre. Incontrolable. Va rebotando entre los jugadores de ambos equipos como la bolita en una máquina de pinball. El partido es bonito por la intensidad, pero no por el juego. Xabi ha apostado hoy por Brahim. El pícaro y Guler se mueven bien en tan pocos espacios. Otro de esos jugadores es Rodrygo.
Huijsen sufre más de la cuenta. Sufrió mucho en Liverpool y vuelve a sufrir hoy. Militao le sustituye al descanso. En la segunda parte hay más ida y vuelta, pero ambos equipos están imprecisos. El Madrid no está fino en el último pase. Lo intenta Guler desde lejos. Lord Bellingham empieza a recorrer la frontal buscando un hueco pero el área del Rayo está más poblada que una manifestación del día de la mujer. No hay espacio. Solo va a quedar colgar balones. Aquí es donde el Madrid tiene una carencia importante. Xabi tampoco apuesta por sacar a Gonzalo. Mr. Alonso no está teniendo atino con los cambios. No consigue cambiar los partidos. Suele sacar a un jugador del banquillo para sustituir a otro y jugar a lo mismo. A Mr. Ancelotti no le importaba poner a Rudiger de Alexanco o sacar a Joselu para fijar a los centrales. Don Antonio Kroos procedía a buscar sus cabezas con gran precisión. En ese punto los defensas rivales se metían más en el área, salían menos. Así conseguíamos más facilidad para tirar desde fuera del área. No siento que estemos estresando a los centrales rivales tanto como los delanteros rivales nos estresan a Huijsen y a Carreras.
Otra carencia que muestra el equipo en algunos partidos es la incapacidad de controlar el juego, aunque sea unos minutos. Quizás solo Guler y Ceballos puedan hacerlo, pero no acostumbran a jugar juntos. El equipo está implicado, pero sufre mucho en estos partidos. Corren como el rival. Pero el problema no es la intensidad, es la falta de control. El Rayo sabe que ese es su partido, corre con un objetivo. Nosotros corremos demasiado. Corremos sin propósito.
En cuanto al arbitraje, más de lo mismo. Es el día de la marmota. Este partido lo hemos muchas veces en los últimos años. Como Bill Murray escuchando el I got you babe al despertar. Es la emboscada habitual del CTA en los partidos vespertinos cuando el Madrid se distancia un poco del Negreira FC. Podrían ser más creativos. Figueroa Vázquez decidió echarse la siesta. Trujillo Suárez es más de ponerse a ver porno. Son dos tipos que en las jugadas del Madrid en área rival podrían ser sustituidos por el piloto hinchable de Aterriza como puedas. Durante el partido hay varios posibles penaltis. Por lo menos revisables. Hasta cuatro. Zancadilla a Guler con contacto. Sin tocar balón. Y tres placajes de Chavarría. En las áreas de la Mugrienta Liga Negreira se juega con el reglamento del Rugby. Uno de los penaltis es escandaloso. Chavarría estira del dorsal a Bellingham cuando intenta rematar de cabeza. En la repetición se ve con claridad. Pero el CTA ha acuñado un nuevo palabro. Dicen que se trata de un «forcejeo». Concepto nuevo que se une a la «jugada gris», al «es contacto pero no suficiente», al «no es error claro y manifiesto», al «es jugada residual», al «no es jugada de VAR» y demás estupideces que usan para justificar sus fechorías. En Vallecas hubo cuatro jugadas donde el VAR pudo avisar y no lo hizo. Recuerden que aquí, hace unas jornadas, en el partido contra el Barcelona apagaron el VAR y le pitaron un desmayo a Lamine Yamal. Parece ser que hoy han vuelto a desenchufar el VAR.
Si las cuatro jugadas hubiesen ocurrido en el área del Madrid, la canallesca hubiese puesto el grito en el cielo. Pero en la rueda de prensa de Xabi Alonso, ninguna de las nueve preguntas de los ciudadanos periodistas fue sobre esas jugadas. Si el VAR no revisa una jugada, no hay audio que publicar. Si los periodistas no preguntan, no hay polémica alguna.
Unas horas después, en el partido de Vigo sí hubo VAR. Parece ser que el Barcelona tuvo suerte y en su partido contra el Celta el VAR sí funcionaba. En el minuto cinco avisó para pitar un penalti a favor. Por cierto, la faena de Alberola Rojas resultó maravillosa. Con la FIFA revisando con especial atención los saldos y los arbitrajes tras la denuncia del Real Madrid, se puso a corregir los saldos de tarjetas. Con dos a cuatro en el marcador y el partido decidido, se puso a sacarle tarjetas al Barcelona en el minuto ochenta y ocho. Esas tarjetas que no sacan durante todo el partido. Arregló él solito el saldo de tarjetas. En cinco minutos sacó tres amarillas.
Volver a empezar es una gran película de José Luis Garci que ganó el Óscar a la mejor película extranjera en 1983. Eso es lo que pretende parte del madridismo cada vez que el equipo encaja una derrota. Se ponen de los nervios. Los que pedían destituir a Mr. Ancelotti para traer a Xabi Alonso ya llevan varias jornadas llamándole Xabilotti. Y quieren despedirle en noviembre. Quieren despedir al entrenador y a media plantilla. A los jugadores que hubiesen quedado en la plantilla tras la derrota contra el Atleti, les hubiesen despedido también tras el tropiezo en Liverpool. Cada vez que perdemos, volvemos a empezar de nuevo. Vivimos en la era de la inmediatez. Recuerden que el Madrid no fue capaz de ganar en Vallecas en 2022 ni en 2024. En ambos años sufrimos emboscadas similares del CTA. En ambos años conseguimos la orejona. Calma.
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