
Vivimos en la era de la inmediatez, lo queremos todo y lo queremos para ayer. Eso genera frustración, un sentimiento para el que tampoco parece que estemos preparados. Una mezcla catastrófica.
Es una forma enloquecida y malsana de tratar los temas que tienen que ver con el Real Madrid. Enloquecida, malsana, histérica y difícil de soportar. Se ha aceptado el discurso de que un empate es la antesala de una crisis y que una derrota se soluciona volando todo por los aires. No hay entidad, por muy sólida que sea, que pueda sobrevivir si hace caso a este relato. No sucede con ningún club más porque, al igual que el señorío mal entendido, la exigencia extrema e imposible de cumplir es un arma que se ha regalado a los ciudadanos periodistas y que ellos utilizan con efectos devastadores.





