
La comprensión no se aplica a todos, sólo a algunos. Los hay que parecen no merecerla y son desterrados a sufrir en las tinieblas exteriores. Con ellos, sólo el palo, nunca la zanahoria.
Parafraseando a Napoleón, el cerdo protagonista de «Rebelión en la granja», todos son iguales, pero alguno es menos igual que los demás. Los mismos ciudadanos periodistas tratan a unos con empatía, con condescendencia, a veces incluso con delicadeza. Para hablar del otro, todo eso se olvida, se borra del manual del perfecto opinatriz. No hay empatía ni comprensión, sólo palos por doquier, ensañamiento y guerra sin cuartel.





