No hay en el mundo una profesión de más riesgo que la de entrenador del Real Madrid. Puedes morir al hacerte la cama, apuñalado a traición por tus subordinados o decapitado por tus jefes.

Si hablamos en términos futbolísticos, ninguna compañía firmaría un seguro de vida al entrenador del Real Madrid. Y si alguna lo hiciese, la prima a pagar resultaría desorbitada, prohibitiva. Examinando los riesgos, sus probabilidades de pasar a mejor, o tal vez a peor vida (deportiva), se salen fuera de la escala. Por muy bien que vayan las cosas, si no fallece de un infarto, puede ser acuchillado por sus propios jugadores o decapitado por los que mandan. Todo esto, por supuesto, por la exigencia máxima de la que nos hablan cada día los ciudadanos periodistas.

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