7 de diciembre de 2025

Real Madrid 0 – 2 Celta de Vigo

Vuelve el Madrid al templo tras jugar varias semanas fuera de casa. El equipo viene de hacer un gran partido en San Mamés. Los tres empates seguidos antes del partido de Bilbao permitieron al Fútbol Club Barcelona ponerse líder de su competición, la Mugrienta Liga Negreira.

Hay algunos aficionados que no conciben que puedan coexistir dos cosas al mismo tiempo. En su cabeza solo son capaces de manejar una idea. Y con dificultades. Para poder procesarla tiene que vaciar el cerebro y descartar otros conceptos. Sí, ayer el Real Madrid jugó un mal partido. Quizás uno de los peores partidos de esta temporada. Y también fue arbitrado con alevosía, odio y animadversión por Alejandro Quintero González. Que el Madrid jugase mal no invalida que el CTA sigue arbitrando como en los años de plomo del negreirato.

El Real Madrid jugó un mal partido. Estuvieron todos muy espesos. Les costó controlar el juego. No sabían por donde penetrar en la defensa celtiña. Pero tuvieron cuatro ocasiones claras. Una oportunidad clara de Arda Guler solo delante de Radu, el balón se le quedó muy atrás y remató fuera. Un cabezazo a bocajarro de Militao al que respondió el portero del Celta con un paradón. Un maravilloso pase en profundidad de Tchouaméni a Vini, que se plantó delante del portero. Radu hizo una magnífica parada y evitó el gol. Y un remate de cabeza de Gonzalo que salió fuera por muy poco.

Nos arbitraba un primerizo: Alejandro Quintero González. Un colegiado que, teóricamente y siendo bien pensado, no tiene nada que ver con Negreira. Alejandro Quintero González pertenece al colegio andaluz y fue ascendido a Segunda División en 2021 tras arbitrar tan solo ocho partidos en Segunda B. Esta es su temporada de debut en Primera División. Antes de este, tan solo había arbitrado siete partidos. Es el primer partido que arbitra al Real Madrid. Y no ha podido tenido mejor debut. Ha nacido una estrella en el CTA.

Analicemos el tendencioso arbitraje del nuevo Negreira boy. Pese a ser novato en la competición, estuvo al nivel del prime de Clos Gómez o Hernández Hernández. Todo el partido fue una sucesión de pérdidas de tiempo por parte del Celta. El portero tardaba entre veinte y treinta segundos en sacar de puerta cada vez que recibía el balón. Ninguna advertencia por parte del árbitro. El hecho resultaba tan escandaloso que parte del Bernabéu se dedicó a ir contando los segundos. Pero Alejandro hacía oídos sordos. Él ha venido a lo que ha venido.

El partido iba cero a cero, pero al poco de empezar la segunda mitad marcó el Celta. Un tipo remataba solo en medio del área. Algo habitual en las últimas temporadas del Real Madrid. Tocaba remar. Tocaba la heroica. El Madrid intentó ganar con épica lo que no pudo conseguir con su juego. Pero todos los equipos tienen derecho a intentar ganar. Aunque jueguen mal. El tiempo avanzaba y el novato estaba cada vez más nervioso. El Madrid apretaba. Quintero González estaba deseando que se acabase el partido. Quería conseguir tres puntos que mostrar orgulloso a sus jefes del CTA. A medida que pasaban los minutos se dedicaba a cortar el ritmo del partido, parando el juego de manera absurda. Resultaba tan evidente que el Bernabéu empezó a corear «Negreira, Negreira».

Pero el escándalo empezó en el minuto sesenta. Faltaba media hora. El Madrid buscaba remontar. Aunque sin acierto. Quintero González y sus cómplices hicieron todo lo posible por impedir la remontada blanca. Borja Iglesias soltó un codazo hacia atrás que impactó en la ceja de Jude Bellingham. El árbitro no pitó nada. El cuarto árbitro, que estaba al lado, no avisó. Figueroa Vázquez, sospechoso habitual, tampoco avisó desde el VAR. A Jude le abrieron la ceja. Me recordó a un codazo de David Navarro a Cristiano en 2012. Tampoco pasó nada. Han pasado trece años. Todo sigue igual en el CTA. Jude se retiró para ser atendido. Y el CTA decidió demostrar que en la Liga Negreira mandan ellos. Cuando Bellingham entró en el terreno de juego fue amonestado por Quintero González. Por lo visto había entrado sin permiso. Los Negreira boys son unos especímenes que solo ven lo que quieren ver. A todos se les pasó por alto el codazo que le partió la ceja a Jude. Pero todos vieron que entró en el campo sin permiso. En ese punto el equipo empezó a desquiciarse.

Pero Quintero González no tuvo suficiente. Un minuto después de la amarilla a Belingham se inventó una amarilla a Fran García. El Celta había cometido faltas similares durante todo el partido sin sanción alguna. Al minuto de la primera amarilla, Fran ve la segunda. Quintero González aborta la posible remontada del Real Madrid. Saca tres tarjetas amarillas en tres minutos. Algo insólito. Estamos en el minuto sesenta y cuatro.

El Madrid, con diez jugadores, aprieta y presiona en todas partes del campo. Intenta remontar el partido. Mbappé tiene una vaselina sobre el portero que pasa por encima del travesaño. Unos minutos después tira una falta al borde del área. A las manos de Radu. En el ochenta y seis, Tchouaméni remata de cabeza un corner. Fuerte pero a las manos del portero.

Quintero González prolonga solo cinco minutos. Está nervioso. En el tiempo de descuento, Tchouaméni recibe una falta y la saca rápido, a un par de metros del lugar donde se ha producido. El nuevo Negreira boy para el juego nuevamente, cortando el ataque del Madrid. Es la enésima vez. Álvaro Carreras protesta. Quintero González sale disparado hacia Carreras. Ejecuta un sprint que ni Ben Johnson en sus mejores momentos. Como si corriese a salvar a un niño de un incendio. Todo para plantarse delante de Álvaro y sacarle con violencia una tarjeta. Estos niñatos se han criado mirando por televisión a sus ídolos, revisando videos de Iturralde, de Clos Gómez y de Hernández Hernández. Y sus nuevos referentes son Munuera Montero y Alberola Rojas. Hasta les copian el peinado. No se les mueve ni un pelo. Arbitran exactamente igual. Con los mismos gestos de chulería. Parecen clones. Me recuerdan a los hitlercitos de la magnífica película Los niños del Brasil. Parecen todos fotocopias. Florentino Pérez es nuestro Laurence Olivier intentando evitar que los Negreira boys se reproduzcan. Lo lleva claro.

Tras la amarilla a Carreras, este le dice «eres malísimo» y Quintero González le planta la segunda amarilla y le expulsa. Todos desquiciados, los jugadores, los técnicos, los aficionados. Hasta los utilleros. Endrick sale del banquillo a protestar y es expulsado. Recuerden que don Raphael Dias Belloli, alias Raphinha, se ha dirigido a los compañeros de Quintero González llamándoles «cagones» y dedicándoles lindezas como «la concha de tu puta madre». Todo sin consecuencia alguna. Señor Raphael, aquí Gil Manzano, un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo.

Rodrygo ve también una también una amarilla por protestar. Los jugadores rodean al árbitro. Quintero González ha ido al Bernabéu a orinarse en el escudo del Real Madrid. Es lo que ha visto desde pequeño. Lo que ha vivido. Lo considera normal. Como toda la caterva que puebla las tertulias deportivas. Como los exárbitros, los juanfes y los foutos que tienen colocados estratégicamente en los distintos medios para darle normalidad a las fechorías. El partido finaliza con los siguientes datos. El Celta de Vigo ha cometido 12 faltas y ha recibido un tarjeta amarilla, en el minuto 83. El Real Madrid ha cometido 6 faltas y ha recibido 3 tarjetas rojas – Fran García, Álvaro Carreras y Endrick – y 8 tarjetas amarillas – Bellingham, Fran García (2), Álvaro Carreras (2), Valverde, Rodrygo y Xabi Alonso. Castigar 6 faltas con 11 tarjetas es un nuevo World Record Guinness. No busquen algo parecido en ninguna liga del mundo.

Hamid Sahari es un maravilloso dibujante que reside en Austria y crea unos magníficos dibujos animados sobre fútbol, siempre en tono humorístico. Anoche creó un corto sobre Quintero González. En el corto, el Negreira boy se dedica a sacar tarjetas rojas como un poseso. Le saca tarjeta roja a Fran García, a Álvaro Carreras, a Florentino Pérez, a los aficionados del Real Madrid, a la novia de Jude Bellingham, a Joselu con la camiseta del Al-Gharafa, a Toni Kroos que está leyendo un libro en el sofá de su casa y a Sergio Ramos que está en chándal sentado junto a la Cibeles. A todo lo que huela a Real Madrid. Así funciona el cártel del arbitraje español. Lo saben en todo el mundo.

En el último capítulo de mi nuevo libro Negreira para dummies: el mayor escándalo del fútbol europeo, disponible en formato ebook en español y en inglés, trato lo que estamos viviendo actualmente. La etapa post Negreira. Esta semana publiqué en redes una jugada del Tenerife – Real Madrid donde se decidió la liga de 1993. Un defensa despejó un remate de cabeza de Fernando Hierro con los brazos levantados como un jugador de voleibol o de baloncesto. El árbitro estaba situado a un metro. No pitó penalti. Enríquez Negreira fue nombrado vicepresidente del CTA en marzo de 1993. El 20 de junio de 1993, Gracia Redondo, que debutaba ese año en Primera División, fue el árbitro designado para arbitrar el Tenerife – Real Madrid que decidía la Liga. En agosto de 1993 fue nombrado internacional. Han pasado treinta y dos años y no ha cambiado nada. En el Bernabéu se corea «Negreira, Negreira» y «Corrupción en la Federación» con la misma frecuencia que el «illa, illa, illa, Juanito maravilla».

Esta semana hemos sabido que el dossier sobre los arbitrajes que está preparando el Real Madrid para enviar a la FIFA no solo incluye los arbitrajes de la temporada pasada y los de esta temporada, también incluye los de toda la etapa Negreira. Lo de hoy ha sido la respuesta del CTA. Cuando el Madrid lucha contra la corrupción, la mafia responde. Y les seré sinceros. Esto tiene difícil solución. Si es que la tiene. El fútbol español solo puede salvarlo la FIFA.

NOVEDAD: Ahora Madridismo sin complejos está disponible también en formato ebook y está incluido gratuitamente en la suscripción Kindle Unlimited. Y ya está a la venta mi nuevo libro Negreira para dummies: el mayor escándalo del fútbol europeo en formato ebook y en español y en inglés.

Tendencias