
20 de diciembre de 2025
Real Madrid 2 – 0 Sevilla
Último partido del año. Gran parte de la prensa y numerosos aficionados llevan meses deseando que don Xabier Alonso Olano no se coma los turrones. Veremos si lo consiguen. Muchos de ellos son los que le faltaban al respeto a don Carlo Ancelotti la pasada temporada y pedían la llegada inminente del tolosarra. Ahora quieren prescindir de él. Decía Giuseppe Verdi que la donna è mobile qual piuma al vento, muta d’accento e di pensiero (la mujer es voluble como una pluma al viento, cambia de acento y de pensamiento). Giuseppe no coincidió con cierto sector del madridismo.
Alineación de circunstancias. Muchas bajas. Valverde lesionado. Muchos vuelven de lesión. Como dijo don Carlo la pasada temporada: «Hay que llegar vivos a Navidad». Lo de esta temporada tiene algo de dejà vu. La plaga de lesiones continúa. Varios jugadores han tenido que jugar fuera de sus posiciones para tapar puestos vacantes como el lateral derecho. Hoy lo ocupa don Raúl Asencio del Rosario. Un canterano que se está ganando la titularidad. Tiene una rapidez de la que carecen don Antonio y don Dean. Es la pareja ideal de Militao. Es pesimista como Nacho y contundente y mal encarado como Pepe. Jugador muy infravalorado.
El señor Alonso se empeña en recuperar para la causa a Rodrygo. El brasileño está abandonando la depresión. Lleva varios partidos a buen nivel. Don Carlo tenía esa virtud. No lanzaba por el cráter del volcán a los jugadores que tenían una mala racha. El pseudomadridismo se habría desprendido ya de media plantilla. Don Carlo les daba continuidad para ayudarles a recuperar el nivel. Él sabía que esto no va de inmediatez. Los grandes equipos se construyen poco a poco. Hay jugadores que no necesitan silbidos, necesitan confianza. Los títulos llegan al final de una carrera de fondo. Se trata de no abandonar en las dificultades. De sobreponerse. Hay que saber lidiar con la frustración y no quemarlo todo en los malos momentos.
El Sevilla empieza presionando en todo el campo. El Madrid tiene dificultades para sacar el balón. Reciben todos de espaldas a portería. Antes del «illa, illa, illa, Juanito maravilla» ya nos han generado dos oportunidades. Huijsen parece no haberse despertado de la siesta. La defensa está muy débil ahora mismo.
El equipo se mueve con mucha lentitud, con pesadez, avanzamos metro a metro a paso de tortuga. Como si llevásemos lastres en los tobillos. A los veinte minutos se agotan las energías iniciales de los sevillistas y el Madrid empieza a tener algo de control. Tampoco mucho. Don Rodrygo Silva de Goes está muy activo. Quiere el balón. En todas partes del campo. Y está sacrificado en defensa, tapando la banda derecha. Sí, en esa posición donde, según nos contó la prensa, nunca iba a volver a jugar en el Real Madrid porque así lo había acordado con Xabi Alonso. Que haya madridistas que se empeñen en informarse en determinados medios y a través de determinados personajes me sigue resultando inexplicable. Especialmente después de los 3.113 programas de El Radio de don Richard Dees.
El Sevilla parece un hueso duro de roer. Más por la espesura del Madrid que por la brillantez de los sevillistas. En muchas fases de la temporada nuestro peor enemigo no es el rival, es nuestro estado de forma. Y el CTA. El rival suele ser la menor de nuestras preocupaciones.
En el minuto treinta y ocho Rodrygo recibe una dura entrada de Marcao. El brasileño le entra con los dos pies por delante. Rodrygo salta para evitar un destrozo. Es una roja de libro. En las redes sociales un exárbitro nos explicará que es amarilla. Que no es roja porque Rodrygo salta y no tiene el pie apoyado. Que si lo tuviese apoyado sí es roja. Ahora resulta que la gravedad de una acción no depende del que la realiza sino de la acción del que la recibe. Busquen algún lugar del reglamento donde se especifique semejante estupidez. Pues eso. Este es el nivel. Odian al Real Madrid mientras están en activo. Nos siguen odiando una vez se jubilan.
Rodrygo saca la falta. Pone un centro maravilloso que remata de cabeza lord Jude Victor William Bellingham. Golazo. Los Beatles vuelven a sonar en el Bernabéu. Bellingham es un tipo que estará mejor o peor, pero nunca regatea un esfuerzo. Se merece el gol. Es importante que Bellingham, Vini y Rodrygo empiecen a anotar más goles. La responsabilidad goleadora del equipo no puede recaer únicamente en Mbappé.
En la segunda mitad el equipo sale mejor. Más velocidad en la circulación del balón. Los delanteros tiran más desmarques. Pero perdemos el control. Los primeros quince minutos tras la reanudación son un duelo en O.K. corral. Mbappé tiene dos oportunidades muy claras mientras Courtois realiza tres paradones. Tenemos el mejor portero del mundo. Posiblemente el mejor portero de la historia del Real Madrid. El partido es de ida y vuelta. No me parece muy inteligente. Don Carlo estaría nervioso. Abriría el frasco de chicles y se pondría diez o doce en la boca. Su ceja se habría descontrolado. No es inteligente plantear un ida y vuelta en estos momentos. El equipo que más tiene que perder es el que va ganando.
Tenemos a un mediocentro defensivo maravilloso. Don Aurélien está imperial. Hace meses que hubiese fenecido al ser arrojado por el cráter del volcán por la turba pseudomadridista. Pero aquí está. Sosteniendo al equipo. Con Courtois y Mbappé forman la columna vertebral del nuevo Real Madrid. A su alrededor tenemos que acoplar los distintos órganos para que el monstruo del doctor Alonsonstein consiga una orejona.
Courtois sigue volando de lado a lado de la portería sacando balones imposibles, con el pie, con la mano, a mano cambiada. El Sevilla ronda el empate. El equipo no está bien colocado. Hay mucha distancia entre los jugadores. Debemos juntarnos. Arroparnos.
En el sesenta y siete, Bellingham llega antes a un balón dividido y Marcao le barre. Segunda amarilla. El brasileño enloquece. El antimadridismo también. Empiezan a echar bilis en redes sociales y en las principales cabeceras deportivas del país. Protestan por una tarjeta amarilla de libro a un jugador que debería haber sido expulsado por tarjeta roja en el minuto treinta y ocho. Pero ellos no son periodistas, son propagandistas. Construyen relatos para perjudicar a un club. Es su modo de ganarse la vida. Subsisten gracias a los que les han colocado ahí para que hagan su labor y por los que les siguen comprando la mercancía averiada.
Vinicius es sustituido y recibe silbidos. A Vinicius no le pitan por jugar mejor o peor. A Vinicius no se le puede reprochar que no lo intente. Siempre lo intenta. A veces se va y a veces no. Pero no se arruga. Hace tan solo una semana remontó el partido contra el Alavés. Cuando nos empataron, hizo una jugada maravillosa, se fue del defensa y le dio una magnífica asistencia a Rodrygo. Después le hicieron un penalti clamoroso. Un penalti que me ha servido para diseccionar la realidad del fútbol español en un artículo titulado Anatomía de un asesinato. Su último partido fue muy bueno y el miércoles no jugó. No se le silba por su rendimiento. Se le silba porque hay mucho pseudomadridista, mucho falso guardián de las esencias que compra el relato de los acosadores. Le silbaron porque lo dice El Chiringuito. Un programa donde dan cobijo a racistas y acosadores. El principal instigador de las campañas de odio a Vinicius. Dediqué un extenso artículo a este fenómeno, se titula Baila, Vini, baila. Lo escribí hace más de un año. Nada ha cambiado. Desde el miércoles, el programa de los acosadores no ha dejado de emitir y de difundir unas imágenes de Vinicius riendo en el banquillo. Algunos madridistas que se hacen llamar «influenciadores» han secundado la campaña y la han amplificado. Presumen de ser más madridistas que un tipo que se ha partido la cara por este equipo y que ha recibido insultos en todos los estadios por llevar esta camiseta. Porque el negro no se puede reír. No se puede reír con sus compañeros en el banquillo. En un partido que ganamos contra el Talavera de la Reina. El negro tiene que comportarse como ellos digan. Pedrerol apunta, el pseudomadridismo dispara.
En el ochenta y cinco, Rodrygo recibe un penalti. Esta vez sí lo pitan. En Girona no les dio la gana. Lo tira don Kylian Mbappé Lottin e iguala el récord de Cristiano. Ambos han marcado 59 goles en un año natural. El francés lo celebra como su ídolo de la infancia. Con la celebración del mejor portugués de la historia. Con su característico siuuuuu.
Mbappé lleva 29 goles en lo que llevamos de temporada. Ha conseguido el récord de 59 goles en un año natural. Pues mucho madridista le sigue negando el pan y la sal. Argumentan que sus goles no se traducen en títulos. Mbappé hace lo que tiene que hacer. Contribuir a las victorias del Real Madrid como lo hace Courtois con sus paradas. Los títulos no son cosa de un solo jugador. Como decía don Alfredo: «Ningún jugador es tan bueno como todos juntos». Ese sector del madridismo es derrotado una y otra vez por los datos. Se empeñan en tener razón, pero la realidad no deja de golpearles. Olvidan que Cristiano tardó tres años en ganar una liga y cinco años en ganar una Champions con el Real Madrid. No es tan fácil. Los equipos ganadores no se construyen de un día para otro.
Y por último, el complejo. El complejo de no jugar bien. El Madrid no ha jugado bien hoy. Pero ha ganado los tres últimos partidos. Ganó los primeros trece de catorce. Parece ser que, si no jugamos bien, tenemos que sacar una vara o un látigo, encerrarnos en un cuarto oscuro, flagelarnos durante varias horas y no salir a la calle en tres días por si nos cruzamos con algún aficionado del club que tuvo en nómina durante varias décadas al vicepresidente de los árbitros. Muchos años de relato. Muchos años escuchando la goebblesiana «el Madrid no juega a nada» han hecho mella en el subconsciente colectivo del madridismo. Afortunadamente sigo inmune a las campañas y a los relatos del antimadridismo. Recuerden que Alfredo Relaño calificó la novena Copa de Europa, la de la maravillosa volea de Zidane, de «victoria vergonzante». Y ahí sigue, pontificando de emisora en emisora como si fuese el Papa León XIV.
A mi me gusta disfrutar del Real Madrid. Me gusta disfrutar de todos los jugadores. Y de mi entrenador. Me centro en los positivo. Y no abandono en los malos momentos. Es un orgullo ser aficionado del mejor club de la historia del fútbol. Estar en el lado correcto de la historia. Nadie me va a empañar esa sensación. No lo permitan. En unos días empieza un nuevo año. Y seguimos vivos. Feliz Navidad. Feliz año nuevo. Y hala Madrid.
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NOTA: Gracias a todos los lectores que me han conocido con Negreira para dummies: el mayor escándalo del fútbol europeo y están comprando también Madridismo sin complejos. Al final se está convirtiendo en un libro de culto entre los madridistas.







