4 de enero de 2025

Real Madrid 5 – 1 Real Betis

Primer partido del año. Feliz 2026 a todos. Don Xabier Alonso Olano se comió los turrones, a pesar del empeño de algunos. Vuelve el fútbol al Bernabéu.

Como les relaté en el primer partido de la Liga, nos bastarán cinco minutos para comprobar si los cachorros de Negreira que moran en el CTA han cambiado realmente o no. A veces el final de un año nos sirve para reflexionar y cargarnos de buenos propósitos para el siguiente. Algunas personas deciden cambiar su vida y emprender el camino de la moral y la rectitud. Pero eso no va con los Negreira boys. Llevan muchos años acostumbrados a cometer fechorías en todos los campos de España como para cambiar ahora.

El sábado se jugó un derbi catalán. El equipo del supremacismo catalán jugaba en el campo del equipo que tiene en su nombre el estigma español, un equipo perseguido por todos los estamentos del nacionalismo. Recuerden que el alcalde de Barcelona declaró en un documental de autobombo que tener un yerno perico – así se llaman los seguidores del Espanyol – o del Madrid sería una inmensa desgracia . El cártel de Fran Soto decidió poner un árbitro catalán a dirigir el partido. García Verdura, una estrella emergente del CTA.

Pues bien, a los seis minutos ya nos dimos cuenta de que nada había cambiado. Rashford le soltó una coz en la espinilla a El Hilali. No es una coz porque Rashford sea un burro o un caballo. Es una coz porque le suelta una patada con el talón hacia atrás a la tibia del jugador del Espanyol. Si le pilla con el pie mejor apoyado se la rompe. Falta y seguimos. El Fútbol Club Barcelona acabó el partido con catorce faltas cometidas y ni una sola tarjeta amarilla.

En el minuto veinte Joan García empujó a su compañero Gerard Martín hacia un jugador del Espanyol que iba a disparar a puerta para que bloquease el tiro. Y lo consiguió. El balón rebotó en Gerard Martín. Según las reglas de la FIFA, sí, esas que se pasa por el forro el CTA, es conducta antideportiva, tarjeta roja y tiro libre indirecto. Pero esto es la Mugrienta Liga Negreira. Al día siguiente del partido, la Real Federación Española de Fútbol emitió un video de cinco minutos. Un documental de García Verdura. Una hagiografía. Vida y milagros del santo. El árbitro llevaba un micrófono. Así podemos escuchar cómo en la jugada del empujón de Joan García a Gerard Martín, para el partido y dice «no hay nada, no hay nada, es el suyo que le empuja» y se dirige a Gerard Martín y le dice «Gerard ¿Cómo estamos? no, no, te empuja tu portero. Bueno, claro, es que si te empuja tu portero qué culpa tiene el otro jugador». Pues eso, o García Verdura no se sabe la norma o decide no aplicarla para no perjudicar al equipo que le pagó 8,4 millones al vicepresidente de su colectivo. Ninguno de los dos motivos es el más indicado para exponer la jugada en un video y presumir de la decisión del colegiado.

Y en el Bernabéu más de lo mismo. En el minuto seis. Vinicius entra en el área y empieza a regatear jugadores. Regatea a un jugador del Betis y le deja atrás, pero éste vuelve y le arrolla por detrás. Es un penalti clarísimo. Alejandro José Hernández Hernández – qué les voy a contar que no sepan de él – está a un metro y medio de la jugada, con las piernas flexionadas mirando atentamente. Lo ve perfectamente. Rápidamente hace el gesto con las manos como diciendo «no hay nada, no hay nada». El jugador del Betis no tenía opción alguna de quitarle el balón a Vinicius. Simplemente llega por detrás y le atropella. Pulido Santana lo ve perfectamente en el VAR y tampoco avisa. Pero en la trama hay más implicados. Los comentaristas de la retransmisión, excepto Guti, se fuman un puro. Y los exárbitros que pueblan los medios de comunicación y las redes. Pável Fernández, el Nosferatu de TVE y Radio Marça, Muñiz Fernández , en Radioapestosa de Noche – certero calificativo del genial Richard Dees – y Pérez Burrull, el blanqueador oficial del negreirato del diario Marça. Éste último incluso tiene la desfachatez de pedir una tarjeta amarilla a Vinicius por ser atropellado. Más tarde en las tertulias deportivas nadie, absolutamente nadie, habló de la jugada.

Esta jugada se suma al penalti de Lamine Yamal a Vinicius en el clásico, al penalti a Rodrygo contra el Sevilla y a la zancadilla a Vinicius en Vitoria. Cuatro penaltis clamorosos en cuatro partidos distintos que no se pitan porque en el fútbol español vivimos sometidos a los caciques. Javier Tebas, su esbirro Rafael Louzán y el amigo del esbirro, Fran Soto. Y luego están los secuaces. Los ofendiditos. Los que lloran y amenazan. Forman una estructura jerárquica. Como la de un cártel. Un cártel que para mostrar su poder absoluto y su impunidad sigue beneficiando al Fútbol Club Barcelona y perjudicando al Real Madrid. Nos perjudican por haber denunciado la trama. Por intentar acabar con el tinglado del que llevan viviendo varias décadas.

Mbappé está lesionado y le sustituye don Gonzalo García Torres, nombre de torero, de poeta o de conquistador. Pero este es futbolista. Y de los buenos. Le acompañan Vinicius y Rodrygo. El equipo empieza muy bien. Muy rápidos, muy activos. Vinicius está en modo eléctrico, encara una y otra vez y se va. Vinicius concentra siempre a tres rivales que intentan taparle. Saben que con dos no es suficiente. Rodrygo está recuperando su mejor versión. Solo le paran con faltas. Hernández Hernández, el árbitro culé – en una entrevista en prensa contestó a la pregunta de si tenía equipo favorito con un contundente «sí, claro, el Barcelona» – , suele pitar solo una de cada dos que le hacen. Lo mismo ocurre con Vinicius.

En el minuto veinte, Rodrygo va a sacar una falta. Don Gonzalo tira un par de desmarques. El brasileño más tímido del mundo le ve. Le pone un pase perfecto al segundo palo. Pasadísimo. Gonzalo coloca la cabeza para que el balón encuentre la red en el palo más alejado del portero. Golazo.

La primera parte del equipo ha sido buena. Pero lo mejor está por llegar. En el minuto cinco de la segunda parte, Gonzalo recibe un balón elevado en la frontal, de espaldas a la portería. El balón viene alto y lento. Tarda en llegar. Como en la serie anime Campeones. Don Gonzalo pone el pecho y controla el balón. El balón se va colocando en el lugar perfecto, tocado por el escudo de la camiseta del canterano. El chico va girando y acomodando su cuerpo en una coreografía perfecta. Y golpea el balón sin mirar. Un delantero tiene la portería dibujada en su mente. No es necesario mirarla. Podría ser Daredevil. No necesita la vista, el resto de sus sentidos están sublimados. El golpeo es perfecto, el balón entra ajustado al palo. En la grada, don Kylian Mbappé Lottin aplaude sin dejar de sonreír. Hace el gesto del control con el pecho. Se levanta y sigue aplaudiendo. Al mejor goleador del mundo le hubiese encantado meter ese golazo. Uno de los mejores de la temporada.

Cinco minutos después, don Raúl Asencio del Rosario, otro magnífico canterano, titular indiscutible para el que escribe, perfora la escuadra con un misil de cabeza. El partido está sentenciado. El Madrid ha estado bien. Intenso y contundente.

El Betis se va arriba. El resultado es duro. Intentan la remontada. En una jugada en el área del Betis, Vinicius recibe una falta. Todavía estamos esperando ver una repetición en condiciones. Ni siquiera he conseguido encontrarla en las cuentas de X de Arabia Saudí. Esa jugada acaba en gol del Betis. Pero aquí no se rebobina nada. Aquí solo se rebobinó un penalti a Benzema para convertirlo en un penalti de Militao para que el Madrid no ganase una Liga. El VAR, como les dije cuando se implantó, es una herramienta que en España, en manos de estos, sirve para adulterar desde una sala lo que no han podido adulterar en el campo.

El Betis aprieta y tiene algunas oportunidades que desbaratan los palos y el mejor portero del mundo. En una dinámica negativa este partido suele complicarse. Nos cae el segundo y acabamos achicando balones. Pero don Antonio decide meterle un pase en profundidad al mejor jugador turco. Don Arda se planta en la línea de fondo totalmente solo. Don Gonzalo ataca el espacio. Arda le pone el balón y el canterano prodigioso marca de tacón con la izquierda. Otro golazo. Magnífico recurso. Gonzalo marca un hat trick. Uno de verdad. Realmente un hat trick no es meter tres goles y ya. Consiste en meter uno con la cabeza, uno con la pierna derecha y otro con la pierna izquierda. Don Gonzalo domina las tres suertes con maestría.

El partido está decidido, pero don Fran Wahlberg, otro ilustre García, decide sumarse a la fiesta y marcar el quinto a bocajarro, tras gran pase de don Federico Valverde. Cinco goles como cinco soles. Los cinco marcados por canteranos. Algo que no ocurría desde el 25 de noviembre de 1989 en un Real Madrid – Real Zaragoza, que acabó en un siete a dos con goles de Míchel, Sanchís, Butragueño y doblete de Martín Vázquez.

Es conveniente destacar el buen partido de don Aurélien y don Eduardo. El primero está como siempre imperial. Don Eduardo necesita una continuidad que no le han dado las lesiones. Está bien al corte. Es difícil quitarle el balón. Y rompe líneas en conducción con facilidad. Es una delicia ver cómo flota, como se desliza en el campo. Parece que juegue sobre patines. Es un jugador muy estético. Bonito de ver.

El equipo ha estado bien. El resultado ha sido contundente. Quintabuitresco. Día feliz en el Bernabéu. Podemos disfrutar de un buen resultado. De un buen juego en muchas fases del partido. Ante la baja de nuestro mejor goleador ha aparecido un suplente de garantías. Los cinco goles han sido muy bonitos.

El himno de las mocitas nos habla de muchas virtudes, tiene algo que nos remite a otras épocas, muy pretéritas. Tiene cosas de cantares de gesta, de novelas de caballería. Algo quijotesco. Contiene expresiones como «de las glorias deportivas que campean por España, va el Madrid con su bandera blanca y limpia que no empaña». El Madrid campea, como El Cid. Y no empaña su bandera. «Noble y bélico adalid, caballero del honor«. El Madrid es un equipo noble. En varias de las acepciones del término. Pertenece a la nobleza europea, es el mejor entre los mejores equipos del continente. También es noble en el sentido de que es singular o particular en su especie, aventaja a los demás en sus cualidades. Pero la acepción de nobleza que más me gusta es la que está ligada a los valores. Bondad, lealtad, honradez y generosidad. La nobleza de estos chicos se transmite en sus acciones y en sus declaraciones. Da gusto escuchar a un chico como Gonzalo. Representa como nadie al Real Madrid. Buena gente. Un tipo sano. Sin maldad.

Nada que ver con la mezquindad que rodea al equipo. En un partido para disfrutar, para estar agradecido al equipo por el juego y por los goles, los cuatro mezquinos, los maleducados, los mediocres, los snobs, deciden pitarle a Vinicius al ser sustituido. Son los cuatro aguafiestas de siempre. Personas tóxicas. Muchos de ellos pertenecen a una generación de cristal que no sabe lidiar con la frustración y a la mínima derrota insulta, silba a nuestros jugadores y quiere vender a media plantilla y despedir al entrenador. Hay personas que apoyamos más en los malos momentos. Los que silban en lugar de animar son la gente tóxica. Aficionados mediocres que no están a la altura del mejor club del siglo XX. Todos sabemos que la gente tóxica es la que sobra en nuestras vidas. Y en el Madrid no sobra Vinicius, sobran estos aficionados. Vinicius ha contribuido a ganar dos Champions League, estos mediocres no han aportado nada al club. Creen que son más madridistas que un tipo que ha defendido la camiseta del Real Madrid en más de trescientos partidos.

Ayer estos ruines repitieron las consignas de los principales medios de comunicación. El gran partido de Gonzalo lo convirtieron en un problema. Ahora el Madrid juega mejor sin Mbappé. Sin un tipo que ha marcado 59 goles en un año. Los odiadores de Mbappé difundieron imágenes del francés tranquilo en su asiento del Bernabéu para esparcir el bulo de que no celebró los goles de Gonzalo. Es falso. Los celebró efusivamente. La facción mezquina del madridismo, la poco generosa, la desleal, la borde, se divide entre los que odian a Vinicius y los que odian a Mbappé. Son incapaces de disfrutar de una manera sana de las virtudes de todos nuestros jugadores. Les muestran unas risas de un jugador en el banquillo en un partido contra el Talavera que no peligró en ningún momento y se ponen a ladrar cual perros entrenados por Pavlov. En España hay muchos Pavlov. El máximo exponente es Josep Pedrerol, el principal instigador de la mayor campaña de acoso a un futbolista en la historia del fútbol, que ya detallé en un extenso artículo titulado Baila, vini, baila.

Entre apoyar y animar a nuestros jugadores o atacarles, estos villanos deciden aliarse con el enemigo, con toda la prensa antimadridista que intenta perjudicar al club, al equipo, al entrenador y a nuestros chicos. Lo mismo ocurre con Mbappé. Critican que sus goles no dan títulos. Argumento absurdo. Los títulos no los consigue un solo jugador, los consiguen los equipos. Nadie se queja de las paradas de Courtois y las critica diciendo que no sirven para nada, que no dan títulos. Porque Courtois no es un objetivo marcado por la prensa. Mbappé lleva una temporada completa en el Real Madrid. Cristiano tardó cinco años en conseguir ganar una Champions League en el Real Madrid. Estos mastuerzos también silbaron al astro portugués. Te argumentan que en el Bernabéu se ha pitado a los mejores jugadores, como si eso fuese algo bueno y no una muestra de su imbecilidad. Afortunadamente son una minoría. La gente inteligente, la gente de bien, siempre lo tiene claro. Entre la nobleza y la mezquindad, siempre la nobleza.

NOTA: Gracias a todos los lectores que me han conocido con Negreira para dummies: el mayor escándalo del fútbol europeo y están comprando también Madridismo sin complejos. Al final se está convirtiendo en un libro de culto entre los madridistas.

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