
14 de enero de 2025
Albacete Balompié 3 – 2 Real Madrid
«Hemos tocado fondo estrepitosamente». La frase no es mía. Son palabras de Daniel Carvajal tras el partido. Nuestro capitán añadió: «Los máximos responsables somos todos y cada uno de nosotros, si no estamos a la altura pasan estas cosas (…) Hay que trabajar duro. Tenemos que dar todos muchísimo más. Pedimos perdón a la afición. No estamos a la altura de las expectativas de este club». No puedo estar más de acuerdo.
Pero aquí no hay un único culpable. El madridismo está muy dividido. Unos culpan a Florentino. Otros a Xabi Alonso. Otros a los jugadores. Otros culpan a solo algunos jugadores. Tenemos odiadores de Mbappé, al que atribuyen una maldición. Otros odian solo a Vinicius, al que venderían a Arabia. Le odian tanto como Pedrerol y la racistada que le grita mono en media España. Otros culpan a los médicos. Otros a los preparadores físicos. Todos tienen su parte de responsabilidad. También los aficionados. A veces el Bernabéu se parece más el Teatro Real que a un estadio de fútbol. Todos somos responsables, en mayor o menor medida.
Pero vayamos al inicio de la semana. Un pequeño flashback. En las últimas horas han pasado tantas cosas. Tenemos nuevo entrenador. Don Álvaro Arbeloa. La opción que más molesta al antimadridismo. El entrenador más odiado por la prensa deportiva española. En una etapa convulsa. En el último conflicto armado, Don Álvaro escogió defender al club que le paga. Al club donde se formó. Donde lleva más de media vida. Escogió defender a don José Mourinho. A su entrenador. Al general portugués que mandó a Pep Guardiola al destierro. Le expulsó de España. El entrenador azulgrana, que disfrutó del prime de Negreira, vio que ya no podía hacer frente al Real Madrid y huyó a la Premier League. Al año siguiente llegó la décima. Y empezó la mejor etapa de la historia del Real Madrid.
Algunos jugadores priman la selección nacional a su club. También algunos entrenadores. El marqués del nabo, Vicente del Bosque, es un ejemplo. Desarrolló su carrera profesional en el Real Madrid, pero sufre un síndrome de Estocolmo con el Barcelona. En dos ocasiones le he escuchado decir que Negreira no influía en los resultados. Como el duque de Hemoal, David Bernabéu, como Maldini, como Rafael Louzán, como todos los antimadridistas que viven del tinglado. Negacionistas del caso Negreira. Del Bosc, en su etapa de seleccionador nacional se plegó a los caprichos de los jugadores del Fútbol Club Barcelona. A sus órdenes, Iker Casillas, capitán del Real Madrid, prefirió el buen ambiente en la selección al buen ambiente en el club que le pagaba. El Barcelona, con Negreira a sus órdenes, planteó los clásicos contra el Madrid de Mou con una estrategia vergonzante, desmayos, caídas, fingimientos, teatro del malo. Cuando un jugador del Real Madrid cometía una falta, el jugador del Barcelona que la recibía daba alaridos y se revolcaba por el césped como si le hubiesen agredido. Los diez jugadores restantes rodeaban inmediatamente al árbitro para que este sacase tarjeta amarilla o roja. Era su forma de combatir al Real Madrid. No fue el tan cacareado tiqui-taca. Fue el teatro. La ausencia total de valores. Don José Mourinho ya lo había sufrido con el Inter de Milán antes de llegar al Real Madrid. Desmayo de Busquets en Champions y al césped. Busquets mirando de reojo a ver si la estrategia había surgido efecto. Tarjeta roja y el Inter con diez. Los aspersores.
Este era el gran Barcelona, el de Negreira, el de los Hernández Hernández, Teixeira Vitienes y Clos Gómez, el de UNICEF, el de Busacca, Stark, Obrevo, De Bleeckere y Aytekin. Una pantomima de equipo. Con grandes jugadores. Pero jugaban con red. Como afirmó Arbeloa en unas declaraciones. Esta lamentable estrategia, que denota una falta de valores deportivos, causó un conflicto entre los jugadores del Madrid y del Barcelona. Esto afectó al ambiente de la selección nacional. Casillas, posiblemente a petición de Del Bosc, llamó a Xavi Hernández para disculparse. Otro acomplejado. No teníamos que pedir perdón a nadie, Iker. Los que compraron a Negreira fueron ellos. Los que buscaban las expulsiones de nuestros jugadores fueron ellos. A Casillas le dieron un Premio Príncipe de Asturias por bajarse los pantalones. Ahora hace anuncios de reparto de comida a domicilio con Piqué. Arbeloa se mantuvo en el lado correcto de la historia. La prensa no se lo perdona. Va a sufrir la mayor campaña de acoso a un entrenador en la historia del fútbol.
Los medios iniciaron el bullying a nuestro nuevo entrenador desde el instante en que el Real Madrid emitió el comunicado de bienvenida. Los ataques han sido feroces en todos los medios de comunicación españoles. Les recomiendo encarecidamente que escuchen el programa de ayer de don Richard Dees. Se titula Leónidas Arbeloa. El periodismo deportivo español es un periodismo de porteras, de chismes, de elucubraciones, de invenciones. Las tertulias están pobladas de racistas y acosadores. Campan a sus anchas. Sin filtros. Los medios lo permiten. Se alimentan de la audiencia antimadridista y pseudomadridista. Su modelo de negocio es ganar dinero generando campañas de odio hacia el Real Madrid, hacia su presidente, hacia su entrenador y hacia sus jugadores. Este es el panorama del periodismo deportivo español. No analizan datos ni estadísticas. No van a los hechos. Prefieren chismorrear. Este jugador tiene celos de aquel otro, este quiere cobrar más, a este le ha visto el primo de la tía de la peluquera de mi novia en una discoteca, este se ha enfadado con el entrenador, este se quiere ir a Arabia. El 99,99% de estas habladurías están basadas en la nada. El 99,99% de los rumores no suelen concretarse en una noticia. Tienen que llenar panfletos y ocupar horas de radio y televisión para poder llevar el pan a casa. Cualquier parecido con el periodismo es pura coincidencia. Horas antes del cese de Xabi Alonso, en todos los medios afirmaban que, pese a la derrota en la final de la Supercopa de Arabia, el técnico del Real Madrid había salido reforzado, que no peligraba su continuidad. Afirman que tienen informaciones del club. Y no aciertan ni una. El club debería retirar las acreditaciones y no permitir la entrada en el estadio a aquellos medios que acosan y faltan al respeto a empleados del club como don Álvaro Arbeloa. Tienen el carnet, pero lo que hacen no es periodismo.
Voy a darles dos ejemplos. Hay decenas. Víctor Lozano Nieto, defecó el siguiente tuit: «Este es el entrenador del Real de Madrí, un tipo violento, con tics macarras, capaz de agredir y encima levantar de malas maneras a un compañero de selección y un buenazo como Villa, un pelota del jefe y mal compañero y peor deportista. Qué pena todo!». Este es el nivel. Otro ejemplo es el de Juanma Castaño, director del programa deportivo radiofónico líder de audiencia en España. Este personaje afirmó que «el mérito de Arbeloa es que es una persona cercana a Florentino Pérez». Voy a jugar al mismo juego que él. La pareja de Juanma Castaño es la periodista Helena Condis, que casualmente trabaja en su programa en la Cadena Cope y en su programa de Movistar Plus. Podríamos decir lo mismo de Helena. Podríamos decir que el mérito de Helena es que es una persona cercana a Juanma Castaño. También podemos preguntarnos cuál es el mérito de Juanma Castaño, que ni siquiera acabó la carrera de periodismo. No son periodistas, son acosadores.
Juanma Castaño lidera una banda de acosadores. Llevan años acosando a Vinicius. Su programa está poblado de acosadores que desprenden un tufo a racista que tira de espaldas. Sus máximos exponentes son Manolo Lama, Gonzalo Miró, Dani Senabre y Mónica Marchante. Les mentas a Vinicius y se ponen como la niña de El exorcista, la obra maestra de don William Friedkin. Estos personajes no toleran en el negro comportamientos que sí toleran en los blancos. No soportan que el negro no achante, que responda, que no humille. Vinicius no hace nada que no hayan hecho cientos de jugadores en la historia del fútbol, pero nadie ha recibido un acoso similar. Gracias a estas campañas de acoso, la racistada de las distintas regiones de Paletolandia suele recibir a Vinicius con cánticos racistas. Antes del partido, numerosos aficionados del Albacete, cantaron en la calle aquello de «eres un mono, Vinicius, eres un mono» popularizado por los racistas del Atleti y del Valencia. El racismo campa a sus anchas en el fútbol español. Lo analicé hace tiempo en mi artículo Baila, Vini, baila. Luego, si nos quitan el Mundial, la culpa será de Vinicius, no de los racistas que le acosan en las cadenas de televisión, en las emisoras de radio, en las calles y en los estadios de toda España.
Estos medios forman parte del tinglado corrupto del fútbol español. Tras la final de la Supercopa de Arabia, parece ser que alguien debió llamar a Julio Maldonado, el presunto experto en fútbol internacional, para que blanquease la entrada de De Jong a Mbappé. Una entrada premeditada que buscaba lesionar a Mbappé en la rodilla que ya tenía dañada. De Jong no fue a disputar el balón. El balón estaba en el otro pie de Mbappé. De Jong apuntó con sus tacos a la otra rodilla. Julio Maldonado es un personaje cuyo único mérito es almacenar partidos de la liga de Zambia, primero en VHS, luego en DVD y ahora en discos duros. Sus predicciones son como las de cualquiera de los tarotistas que pueblan la programación de madrugada de las televisiones españolas. No acierta ni una. Es un antimadridista recalcitrante. Todos recordamos cómo reaccionó al maravilloso gol de chilena de Cristiano contra la Juventus. Se define como un enamorado del buen fútbol. Cuando vio el golazo de Cristiano se quedó callado, su cara era la de alguien al que se le acababa de morir un familiar, se quedó quieto, petrificado. Tenía la mirada perdida. Mientras todos se sorprendían por el golazo, empezó a mirar su móvil disimulando, no sabía dónde meterse. Es un antimadridista furibundo. Fue integrante de las trillizas culés de Canal Plus, junto a Carlos Martínez y Michael Robinson. Recuerden también que, cuando saltó a la luz el caso Negreira, publicó rápidamente un video afirmando que no había tenido influencia alguna en los resultados del Fútbol Club Barcelona, que ganaban porque eran muy buenos. Como Del Bosc, como Rafael Louzán. Como el club de los negacionistas.
Vayamos al partido. No voy a discutir la convocatoria de Arbeloa. Muchos pesos pesados se quedaron en Madrid. Recuerden que el equipo viene de Arabia con jugadores tocados, física y mentalmente. El equipo que plantea don Álvaro tiene calidad de sobras para ganar a un equipo de Segunda División.
El Madrid empieza el partido perdido en la niebla que cubre el Carlos Belmonte. En el once inicial juegan dos canteranos. Parte del madridismo pide más canteranos y cuando juegan y perdemos les ajustician en la Plaza Mayor de Madrid. Lo hicieron con Jacobo Ramón y con Víctor Muñoz. Desprecian a Fran García y a Raúl Asencio. Los que han salido del club hacia otros equipos siempre son mejores que los que se han quedado. Hasta que regresen. Acabarán todos en la pira. Como Gonzalo cuando tenga una mala racha. Como Nico Paz si se le ocurre regresar.
El Madrid encaja goles con demasiada facilidad. Los corners en contra son una película de terror. Es el mejor momento para santiguarse. Para ir a la nevera a por una cerveza y regresar cuando el peligro se haya esfumado. Los rivales saben de nuestra debilidad y la explotan. El Albacete nos marca el primero. Afortunadamente el Madrid responde rápido, balón colgado al área y remate de Huijsen que rechaza el portero. Franco Mastantuono está atento y aprovecha para empatar.
En el arranque de la segunda mitad el equipo presiona y asedia el área del Albacete. La salida es muy buena. Pero resulta un espejismo que dura unos minutos, el Albacete se recupera y empieza a imponerse físicamente. El Madrid se disuelve como un azucarillo. Mucha endeblez. Demasiada. Dejamos de igualar la intensidad en los duelos. Los cambios no surten efecto alguno. El equipo está deprimido.
Los jugadores del Albacete muerden. Es el partido de sus vidas. Su intensidad crece a medida que pasan los minutos. No hay mejor gasolina que la que te proporciona la oportunidad de pasar a la historia. El Albacete nunca ha conseguido derrotar al Real Madrid. Cada vez se ven más cerca de la gloria. Si lo consiguen serán recordados durante décadas en la ciudad. Se lo contarán a sus nietos. Para los jugadores del Madrid no es lo mismo. Es un partido más. Están obligado a ganar, como siempre. Pero es un día más en la oficina. Y a estos chicos le falta gasolina en los últimos partidos. Hay algún agujero en el tanque. Llegamos a los últimos minutos con una falta de vigor alarmante. También hay un tema psicológico. Un atasco general en el juego. Los chicos no están disfrutando de su profesión. Atacamos mal y defendemos mal. En el medio corremos. Hasta que nos agotamos. Hay partidos en que no hacemos nada bien. Y la suerte tampoco acompaña. A perro flaco. En el minuto ochenta y uno, tras una serie de rechaces, llega el segundo del Albacete. Estamos al borde de la eliminación. Media España se frota las manos.
El equipo apela a la épica y empieza a colgar balones. Parece ser que tenemos un complejo. Parece ser que hoy en día hay que atacar tocando y combinando a ras de suelo. Que es pecado hacerlo de otro modo. Lo intentamos con lentitud. El limpiaparabrisas. Y no encontramos por donde entrar. Pero no contra una defensa formada por Tassotti, Costacurta, Baresi, Maldini y Rijkaard. Contra cualquier equipo con unos defensas medianamente ordenados. Aunque sea de Segunda División. Y no hay intensidad. Apenas estresamos a los defensas rivales. En algunos partidos ni sudan. Ni se manchan la camiseta. No sangran. Salen indemnes. Y cuando hay que marcar gol, cuando llegan las urgencias, entonces sí, entonces balones al área. Quizás deberíamos atacar con esa intensidad y colgar balones desde el inicio, no cuando vamos perdiendo.
En la segunda parte no recuerdo ningún tiro a puerta del Madrid anterior al segundo gol del Albacete. Así es difícil pasar en cualquier eliminatoria. En un balón colgado en el noventa y uno, Gonzalo aparece y marca un gran gol de cabeza. Lleva cinco goles en cuatro partidos. El chico lo celebra a medias. Con rabia. Pero con un aspecto muy serio. Está abochornado. El desempeño del equipo no es acorde con la exigencia que comporta el escudo que llevan en el pecho. No, la exigencia no la marcan los cuatro snobs que silban a Vinicius en el Bernabéu. La exigencia la marca la historia y la tradición de este club.
Y falta jerarquía en el campo. Cabeza fría. El equipo se lanza a por el tercero y deja la zaga desguarnecida. Tranquilidad. Vámonos a la prórroga. Don Carlo era de esos. Manejaba los tiempos como nadie. Esos partidos que se dan dentro de un partido. Sabía como jugarlos. También los veteranos del equipo. Cristiano, por ejemplo. También don Luka Modric. Pero ayer no. Ayer faltó inteligencia y calma. Faltaron tablas. En el último minuto un balón largo del Albacete deja a Jefté en un uno contra uno con Carvajal. Dani le aguanta y le tapa bien. El delantero del equipo manchego apenas tiene ángulo. Pero se saca de la chistera un gol maravilloso que pasará a la historia del Albacete. Pica el balón con una parábola sutil de curva imposible que sortea a Carvajal y a Lunin, que no ve salir bien el balón, y se cuela con suavidad junto al palo. Ronaldinho y Van Basten, pocos más inventan algo así. El Madrid fuera de la Copa del Rey. Laporta y Louzán descorchan una botella de cava.
Arbeloa afirma en rueda de prensa que no se arrepiente de la convocatoria ni de la alineación. Tengo que darle la razón. Salgan los que salgan son grandes jugadores. Jugarán mejor o peor. Pero son grandes futbolistas. Tienen capacidad de sobras para ganar a cualquiera. También a un equipo de Segunda División. Y deben hacerlo sin Courtois, sin Tchouaméni y sin Mbappé. Ya les he expresado mi opinión desde hace varias jornadas. Estos tres chicos son la columna vertebral del equipo. Los que siempre están a un gran nivel. El resto a veces sí, a veces no. Todos deben ir sumándose para construir un equipo ganador. Cuando muchos jugadores están en un estado de forma tan débil, todo el equipo se resiente. Hay que ir sumando jugadores para la causa. No nos confundamos. Son buenos jugadores. Pero muchos están jugando mal. Las causas. Muchas. Falta físico. Y falta mente. Mens sana in corpore sano. Carecemos de ambas. A los chicos se les ve alicaídos en algunos partidos. No es fácil cambiar esta dinámica. Pero confío en don Álvaro. Los más veteranos hemos vivido situaciones similares. Hemos vagado por el desierto durante treinta y dos años. Hasta que conseguimos la séptima. Hemos sufrido duras derrotas en todos los campos de Europa. También hemos soportado eliminaciones similares en Copa. Estamos más curtidos que las nuevas generaciones. Generaciones de cristal que han crecido en épocas de bonanza y que chillan y patalean en las redes en situaciones como esta. Lo bueno del fútbol es que no da tregua. El fútbol no para. El próximo sábado vuelve a salir el sol. Jugamos contra el Levante. Hemos tocado fondo. Ahora solo podemos mejorar.
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NOTA: Gracias a todos los lectores que me han conocido con Negreira para dummies: el mayor escándalo del fútbol europeo y están comprando también Madridismo sin complejos. Al final se está convirtiendo en un libro de culto entre los madridistas.







