8 de febrero de 2026

Valencia 0 – 2 Real Madrid

El Real Madrid regresa a la Mugrienta Liga Negreira. La tarde anterior, el Fútbol Club Barcelona ganó al Mallorca en casa. En la jugada del primer gol, Lewandowski está en fuera de juego posicional, el último defensa rechaza un tiro y el balón llega a Olmo. Cuando el ilegal pasa a Lewandowski, el polaco está en posición correcta. Lewandowski marca. El gol sube al marcador. El VAR no revisa nada. Los ilustres conocedores del reglamento afirman que cuando el balón es rechazado por el defensa es segunda jugada y, como hasta ese momento Lewandowski no ha intervenido en la misma, el gol es legal. Quédense con este párrafo, luego volveremos a él.

El once inicial tiene buen aspecto. Los pespuntes del Frankenstein empiezan a cicatrizar. Los jugadores empiezan a regresar a su hábitat natural. Valverde, Camavinga y Tchouaméni juegan en el centro del campo. Los tres. Por primera vez en mucho tiempo. Ese debe ser el centro del campo del equipo que ganará la decimosexta. Solo falta lord Bellingham, que está lesionado. Hace muchas lunas les bauticé a los cuatro como Los energéticos. Pueden releer ese artículo en Madridismo sin complejos. Su título era un pequeño homenaje a aquella película de Andrés Pajares y Fernando Esteso. Descanse en paz este último. El bueno de Fernando nos ha abandonado hace unos días.

La defensa es muy joven. Demasiado. La media de edad de la zaga es de apenas 21 años. El más veterano es don Raúl Asencio del Rosario, que tiene 22. Le siguen Álvaro Carreras (22), David Jiménez (21) y Huijsen (20). Tres canteranos en la defensa. No ocurría desde hace mucho tiempo. Don Raúl es el único defensa pesimista de los tres. Cada vez se parece más a Pepe, el mejor central que ha pisado el Bernabéu en lo que llevamos de siglo. Está en todas partes. Se multiplica para suplir la inexperiencia de sus compañeros. Parece Lee Marvin con sus reclutas imberbes en Uno rojo división de choque, la obra maestra de Sam Fuller. Solo le faltan las canas. Si le siguen estresando así, le brotarán antes de que acabe esta temporada.

La delantera la forman Mbappé y Gonzalo. Vinicius cumple el ciclo de cinco tarjetas. La racistada de Mestalla deberá buscar otra víctima para saciar su odio. Los pobres racistas tienen al mando de su club a un asiático haciendo todo lo posible por bajarles a Segunda División. A veces el karma es algo maravilloso.

El CTA de Fran Soto ha designado a Alberola Rojas para este partido. Recuerden que este colegiado le pagó a Negreira Jr. por unos supuestos servicios de coaching. Milagrosamente, a partir de entonces su carrera en el arbitraje ha sido meteórica. Coaching del bueno. Parece ser que, si le pagas al hijo, las cosas te van bien en el comité que vicepreside el padre. Alberola, que era concursante de realities televisivos, fue premiado el año pasado como mejor árbitro del CTA. Pero analicemos la designación. Se las saben todas. Lo de poner un árbitro que «deja jugar» en un partido en el que te van a coser a faltas es una de las estrategias más antiguas del CTA. Solían hacerlo con Mateu Lahoz. El rival sabía que podía repartir más. Y así es. Nada más empezar el partido los jugadores del Valencia empiezan a dejar recados. Cuando un jugador del Madrid suelta el balón, el defensa más cercano le da un empujón. A Mbappé le tiran varias veces al suelo. Sigan. En una jugada similar, Carreras recibe un violento empujón que roza la agresión. El jugador del Valencia llega demasiado tarde. El linier está al lado. Ni mu. Alberola se hace el sueco. Sigan. La retransmisión televisiva de Mediapro, propiedad de un socio avalista del Fútbol Club Barcelona, no da ni una sola repetición de la jugada. Figueroa Vázquez tampoco avisa desde el VAR. Todos perfectamente coordinados. Un día más en la Mugrienta Liga Negreira.

El partido es intenso. Veremos qué tal el físico. Los chicos de Arbeloa han llevado esta semana las máscaras de hipoxia de Pintus. Parecen el Bane de El caballero oscuro. El Valencia muerde en cada balón. Mbappé está muy activo. Sabe que, sin su compañero Vinicius, el poder atacante del equipo depende de él. Ya no tiene a tres defensas entretenidos marcando a Vini. Su labor se complica. El equipo va creando oportunidades. Un tiro de Mbappé que rechaza Dimitirevski. Otro de David Jiménez a pase de Kylian. Llegamos tímidamente, pero llegamos. Guler intenta encontrar a Mbappé durante toda la primera parte. No lo consigue.

A partir del minuto veinticinco, el equipo empieza a dominar el juego y a meter al Valencia en su área. El final de la primera parte es bueno. Aunque no creamos ocasiones claras, empezamos a controlar el partido. Y vamos con el flashback. Recuerden el gol de Lewandowski. Sí, el del primer párrafo de esta crónica. Los expertos arbitrales de todos los medios y sus sucedáneos en X pontificaron sobre la validez del gol. En redes sociales expliqué, nada más marcar Lewandowski que sí, pero que esa jugada al Madrid se la anulan. Así lo hicieron la temporada pasada cuando anularon un gol de Mbappé contra Las Palmas tras rebobinar la acción veinte minutos. Les conozco perfectamente. Nadie conoce a los Negreira boys como yo. Solo Negreira. Me he visto todas las temporadas. Llevo varias décadas estudiando su comportamiento. Ni Félix Rodríguez de la Fuente conocía tan bien al lince ibérico. Pues bien. Han tardado veinticuatro horas en darme la razón. Son así de previsibles. Aquella regla que estaba en vigor ayer, hoy ya no lo está. Cachis. Aquello de que si el delantero que está en fuera de juego posicional no interviene en la acción, en cuanto la toca el defensa es segunda jugada ya no sirve. Hoy sí es fuera de juego. La única diferencia son 8,4 millones de euros.

Mbappé se retira al vestuario en el descanso pidiéndole al cuarto árbitro una explicación. Kylian y yo nos sabemos el reglamento. Pero los Negreira boys lo aplican según les conviene. Con total arbitrariedad. El cuarto árbitro le dice al francés que le dará una explicación dentro, en el túnel, en mitad del césped no, que les están grabando. Mbappé accede. Luego el cuarto árbitro le da largas y no le da explicación alguna. Mbappé se ríe. No da crédito a la falta de seriedad y al regate del cuarto árbitro y comenta con Camavinga que «es un bufón». Así es, Kylian. En ese colectivo no encontrarás otra cosa.

La segunda parte comienza con una agarrón continuado de Gayá a Guler. Sigan. Nada de tarjetas. Alberola es de los que dejan jugar. Hasta que deja de dejar jugar. Este tipo de árbitros suelen cumplir a rajatabla una ley no escrita en el CTA. Una ley que tiene dos mandamientos. El primero: ninguna tarjeta antes del minuto sesenta. El segundo: la primera tarjeta del partido siempre a un jugador del Madrid. Así es. La primera tarjeta del partido será para Álvaro Carreras.

En la salida de un córner hay un agarrón continuado de un defensa valencianista a Mbappé. Le tiene agarrado por la cintura. Bailar pegados. No le suelta. En el Ministerio de Igualdad ya hubiesen puesto el grito en el cielo. Alberola, muy cobarde él, lo ve perfectamente. Y espera a que Mbappé, harto del sobeteo, se quite de encima al defensa para pitar falta del francés. No se le ocurre pitar la primera de las faltas, la del valencianista, porque sería penalti para el Madrid. Y quizás eso podría molestar a su coach. Al fin y al cabo Negreirita ha tenido una infancia y una juventud muy próspera gracias a los 8,4 millones con los que el Fútbol Club Barcelona compró a su papá.

Don Aurélien está magnífico. Como siempre. Es uno de los mejores mediocentros defensivos del mundo. Da gusto verle. Es imprescindible. Sobre él se sostiene el equipo. El Madrid empieza a controlar el partido nuevamente y a meter al Valencia en su área. Empiezo a echar de menos a Vinicius. Pero don Álvaro Carreras parece leerme la mente. Recibe el balón en el hábitat natural del brasileño y se transforma en él sin necesidad de marcarse un blackfacing. No sea que se excite la racistada de la grada. Don Álvaro empieza a sortear jugadores en el área, se aprovecha de algún rebote y continúa internándose. Cuando la nube de defensas valencianistas le permite atisbar la portería, lanza un disparo sutil, raso, al palo más cercano. Golazo.

Ahora es cuando empiezo a rezar. Me dan pánico Carreras y Huijsen. Lo reconozco. Me caen fenomenal. Pero su juventud y su optimismo les empujan a ser demasiado despreocupados cuando tenemos el balón. Ambos se plantan arriba. Uno en la zona de Vinicius. Otro en la frontal del área. Siempre se produce algún robo de balón y a correr. Normalmente son Valverde y Asencio, los pesimistas del equipo, los que evitan el peligro del rival. Cuando estamos por delante en el marcador yo les prohibiría a los chicos pasar de la raya del centro del campo. Sí, llámenme vetusto si quieren.

El Valencia busca el empate y tiene una buena oportunidad, un balón que da en el poste por el exterior. Pero nada más. El Madrid ha controlado bastante bien el partido. No ha sido bonito. Pero ha sido serio. Como le gustaban a don Carlo. La guinda la ponen Huijsen, Brahim y el de siempre. Dean le mete un pase largo al pícaro. Rompen totalmente a la defensa del Valencia. Brahim le mete un pase a Mbappé, que remata a placer. El francés lleva ochenta y dos goles, ochenta y dos, en una temporada y media en el Real Madrid. Hay que ser muy necio para atribuirle a Kylian la escasez de títulos. Y más cuando es uno de los pocos que ha hecho bien su trabajo. Como Thibaut. Como Tchouaméni.

El equipo se lleva la victoria. He llegado a un punto en mi vida en el que valoro y celebro las victorias del Real Madrid por el daño que causan en todo el antimadridismo. El juego no ha sido maravilloso. Pero, como dijo anoche don Joaquín Maroto, el que quiera juego que se haga del Barcelona y el que quiera reír el último que siga aquí.

NOTA: Gracias a todos los lectores que me han conocido con Negreira para dummies: el mayor escándalo del fútbol europeo y están comprando también Madridismo sin complejos. Gracias a ustedes se está convirtiendo en un libro de culto entre los madridistas.

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