
Cuando te empeñas tanto, una y otra y otra vez, en desmentir motu proprio algo que nadie te había preguntado, algo de lo que nadie te había acusado, el lógico pensar que estás mintiendo.
Algo raro hay cuando, una y otra vez, te empeñas en desmentir algo que nadie te había preguntado, algo de lo que nadie te había acusado. Es como poner la venda antes de que se produzca la herida, una maniobra preventiva para que no te acusen de portavoz y correveidile. Lo malo es que, con esa insistencia en negar que seas portavoz, no haces sino alimentar las sospechas de que realmente lo seas.





