En un examen de análisis de texto, habrían sacado un cero. Hablaron de todo menos del texto que tenían que comentar. Algo lógico, porque ya venían de casa con la sentencia escrita.

Si no fuese porque es un sinsentido profesional, sería de alabar la capacidad de los ciudadanos periodistas de hablar de algo obviando por completo ese algo del que hablan. Es mucho más cómodo y conveniente para su línea pastoral, perorar durante minutos y más minutos guiados por sus prejuicios y sus fobias. Había un texto muy caro que comentar, pero eso fue lo último que hicieron. Como suele ser habitual, se decantaron por la brocha gorda y el trazo grueso, por la burla y el escarnio.

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