25 de febrero de 2026

Real Madrid 2 – 1 Benfica ( 3 – 1 )

Hoy finaliza la trilogía. Tres duelos contra un histórico del fútbol europeo. Un Benfica que nos ganó por cuatro a dos en el partido de la liguilla de la Ceferin Cup y que manchó sus 122 años de historia tras los incidentes racistas del partido de ida de esta eliminatoria. Analizaré estos sucesos en un extenso artículo de próxima publicación.

El partido de hoy decide cuál de los dos equipos pasa a los octavos de final de la Champions League. El Madrid ganó en Lisboa con golazo de Vinicius Jr., que vuelve a ser el jugador más determinante del mundo. Vinicius celebró el gol bailando frente al banderín de córner y ese gesto excitó a los racistas como Prestianni, que se tapó la boca con la camiseta y le llamó mono en cinco ocasiones. Como le pareció insuficiente, aderezó su cariñoso insulto racista llamándole también maricón. El chico, además de llevar un horrible peinado de charo cincuentona, es un cobarde, un racista y un homófobo. Lo tiene todo el pobre. La UEFA le ha suspendido y no juega hoy. Mejor. Así no tenemos que desinfectar la zona del vestuario visitante donde se hubiese sentado el racista.

El club lisboeta decidió manchar su escudo llamando mentirosos a Vinicius y a Mbappé y apoyando a su racista, en lugar de apartarlo del equipo y posicionarse firmemente contra los insultos racistas. Hoy en el fondo del Bernabéu se muestra una pancarta gigante con un «No al racismo». Como en el Bernabéu también hay racistas y desubicados de la vida, un imbécil hace un saludo nazi que es captado por las cámaras de televisión. El club reacciona rápido y bien, le expulsa inmediatamente del estadio y emite un comunicado. Nada que ver con el Benfica. Este sí es el lado correcto de la historia.

Mbappé está lesionado, juega Gonzalo. La facción pseudomadridista que odia al mejor goleador del mundo, ataca al francés en redes sociales. Siempre lo hacen. Le odian. Si Mbappé juega todos los partidos, es un egoísta, solo busca sus récords individuales. Se va a lesionar. Si Mbappé no juega algún partido intrascendente, Mbappé se borra de los partidos que no le interesan porque es año de Mundial. Ellos siempre ganan. Para los pseudomadridistas tiene que resultar toda una maldición el no poder disfrutar sanamente de los goles y las asistencias de Mbappé y de Vinicius. Se dividen en tres facciones, los que odian a uno, los que odian al otro y los que odian a los dos. La vida del madridista es una vida plena y feliz, llena de éxitos. Es una de las ventajas de apoyar al mejor club de la historia del fútbol. Al que más gana. La vida del pseudomadridista, sin embargo, carece de todas estas ventajas. Siguen al Real Madrid sin disfrutar de lo bueno, de la positividad, solo sufren las desventajas de poner el foco en todo lo negativo, hasta el punto de tenerle ojeriza a los jugadores de su propio equipo, al entrenador y hasta al presidente. Analicé este fenómeno en un Breve tratado sobre el pseudomadridismo. El pseudomadridismo siempre me ha parecido un tema interesante, propio de un simposio de psiquiatría.

Pero volvamos al partido. Mourinho lo verá desde la grada. Antes de retratarse en la rueda de prensa del partido de ida criticando la celebración de Vinicius yo le llamaba don José. Pero ese bochornoso momento le ha hecho perder el don. Ahora es Mourinho a secas. Ni siquiera es special. El entrenador portugués conoce bien los puntos débiles del Madrid. El partido empieza como los dos anteriores, presión alta, ataques por nuestro flanco izquierdo – el más débil – y centros laterales. Así llega el gol del Benfica. Incursión por la izquierda con Carreras en el centro del campo y Camavinga a varios metros del atacante. Centro raso que remata Asencio a bocajarro en su intento de despeje. Paradón de Courtois, como siempre. Pero el balón le queda muerto a Rafa Silva. Solo tiene que empujarlo. Eliminatoria empatada. Nuestros enemigos, que son numerosos, se frotan las manos.

Afortunadamente la dinámica es distinta. Salvando los tropiezos en la Liga Negreira facilitados por los arbitrajes made in Negreira, el equipo tiene otro aspecto. A los dos minutos empatamos el partido. Gran jugada de don Federico Valverde, nuestro capitán. Le deja un balón muerto a don Aurélien, el mejor mediocentro defensivo del mundo. Todos visualizamos cómo va a ser ese remate. Cómo va a ser el gol. Se lo hemos visto hacer decenas de veces a don Antonio Kroos. También don Aurélien. Y lo ejecuta exactamente igual. Balón raso y fuerte al palo más cercano. Nuestro Reacher francés ya fue el MVP en Lisboa. También lo será en Madrid. Está inmenso. Está al nivel del mejor Carlos Henrique Casimiro «Casemiro», un mediocentro defensivo brasileño que marcó época en el Madrid. El club estuvo muy acertado con el fichaje de Tchouaméni. Es el mejor sustituto posible. Don Aurélien es un chico serio y formal. Es un espectáculo escucharle en las ruedas de prensa. Siempre lo da todo por el equipo. Ha jugado decenas de partidos de central porque el equipo le necesitaba ahí. Es todo un profesional. Roba y recupera como nadie. Por arriba es todo un iron dome, despeja de cabeza todo centro al área de los rivales. Es el mejor amigo de Thibaut Courtois.

El partido se hace larguísimo y pasa por muchas fases. En la primera mitad el Madrid va de menos a más. Valverde está especialmente bien. Don Álvaro le ha liberado del lateral derecho y ahora el pajarito trota por todo el campo. En algunas fases del partido aparece también galopando por la banda izquierda. Y Vinicius sigue siendo el mejor, con permiso de don Aurélien. Vini Jr. lleva media docena de partidos al mismo nivel que le llevó a conseguir el The best al mejor jugador del mundo. Es un espectáculo verle. Disfruten. Este chico ha protagonizado la mejor historia de superación que se recuerda en este deporte, se ha enfrentado a la chusma racista de toda España, causa irritación y odio en todos el antimadridismo, es el jugador más determinante en eliminatorias de Champions desde Cristiano y nos ha dado ya dos orejonas, marcando en ambas finales. Ni Denzel en su prime podría protagonizar un biopic de ficción de Vinicius que mejorase la realidad.

Minuto sesenta, en ese minuto suele sonar una alarma interna, un reloj biológico, en los entrenadores y en los jugadores. Se acerca la fase decisiva del encuentro. Los entrenadores se plantean los cambios a realizar. Los chicos que calientan en la banda se preguntan si serán ellos los elegidos. Los jugadores miran al césped para evitar cruzar su mirada con la del entrenador y ser ellos los sustituidos. Los aficionados empiezan a pedir a su suplente preferido. Todos se han acabado ya el bocadillo. Y el asiento empieza a mostrar su dureza. En ese momento el Benfica ejecuta el plan de Mourinho. Los lisboetas se va hacia arriba, buscando el gol con el que empatar la eliminatoria.

El Madrid empieza a acusar el embate de las águilas. Hay incertidumbre en el Bernabéu. Carreras choca con don Antonio intentando despejar un tiro a puerta de los lisboetas. Le clava la rodilla en el pecho. El golpe es muy feo. Pero nuestro Antonio sale del campo y regresa inmediatamente. Este tipo es algo especial. No necesitó adaptarse al Real Madrid. Ha rendido desde su primer partido. Siempre a un gran nivel. Recuerden que ese verano el Chelsea dejó salir a Christensen y a Rudiger. Nos quedamos con el bueno. Deseando verle junto a Militao. Deseando ver sus locuras en las celebraciones de nuestro próximo título.

Pero lo peor llega unos minutos después. Otro choque entre dos jugadores blancos. Esta vez en un salto. Don Raúl Asencio y don Eduardo Camavinga chocan en el aire y caen al suelo. Raúl se lleva la peor parte. Cae muy mal. Está varios minutos sobre el césped. Sin moverse. Mientras le atienden los médicos, sus compañeros se van arremolinando a su alrededor. Con cara de preocupación. La situación nos deja a todos muy mal cuerpo. Al hijo espiritual de Pepe le ponen un collarín y se lo llevan en camilla. Y de ahí, en ambulancia al hospital. La eliminatoria está resultando muy desagradable. En la ida el episodio del imbécil racista. Ahora esta mala caída. Hay que pasar esta eliminatoria y listo. Como sea. Y lo más importante: que don Raúl se recupere bien y rápido. Hay cosas más importantes que el fútbol. La salud es una de ellas. La lucha contra el racismo es otra.

A falta de diez minutos, que serán diecinueve por el descuento, el Madrid ha recuperado fuerzas. Los cambios de don Álvaro funcionan. Ha metido piernas frescas en la medular. Valverde lucha por un balón y lo recupera. Nada más controlarlo mete un pase largo y seco a don Vinicius José Paixão de Oliveira Junior. No es un pase tan lento como los pases de nuestro turco preferido, que van a otra velocidad y con otro efecto. El de Valverde es industrial. Así le llaman los ciudadanos periodistas a este Madrid. Dicen que su juego es industrial. Supongo que para diferenciarse del tiquitaca y del jogo bonito del Negreira FC. Lo dicen peyorativamente. Como cuando Guardiola decía que nuestros jugadores eran atletas. El pase de don Federico es perfecto, tenso, fuerte, adelantado. Vinicius se enfrenta al gol, al Benfica y al mundo. Este es el clímax de la película. Es el momento de marcar. De seguir callando bocas. De provocar más ira y más odio en los racistas. Y de seguir bailando. La definición es perfecta. Golazo. El jugador más determinante del mundo, el más querido por la gente de bien, el más odiado por el antimadridismo y por los racistas, se va al córner y sí, hace lo que todos soñábamos. Le hace un ai se eu te pego al banderín de córner del Bernabéu, exactamente igual que el que le hizo al banderín de córner del Estádio da Luz de Lisboa. Vini Jr. tiene para todos. Vini ha marcado en la ida y en la vuelta. Ha bailado en ambos estadios. Dos goles que han causado gran irritación en todos los racistas que le odian. Sigan escupiendo odio. Sigan llamándole mono. Vinicius es indestructible. El baile no va a parar.

El partido no ha sido bonito, pero ha sido una victoria muy trabajada. Hace tiempo que les comento en mis artículos que la columna vertebral de este equipo son Courtois, Tchouaméni y Mbappé. Ahora tenemos de vuelta al mejor Vinicius y estamos recuperando a un don Federico desencadenado. A medida que más jugadores vayan recuperando el nivel aumentarán nuestras posibilidades de conseguir la decimosexta. Si sumamos a Militao y a lord Bellingham y nos respetan las lesiones, quizás veamos a Vinicius bailar en el Puskás Arena de Budapest a finales de mayo. Qué mejor lugar para levantar la decimosexta. Y para derrotar de nuevo a todos los racistas del mundo.

NOTA: Gracias a todos los lectores que me han conocido con Negreira para dummies: el mayor escándalo del fútbol europeo y están comprando también Madridismo sin complejos. Gracias a ustedes se está convirtiendo en un libro de culto entre los madridistas.

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