
7 de abril de 2026
Real Madrid 1 – 2 Bayern de Múnich
Ha llegado la primavera. Estamos en cuartos de final de la Champions League. La competición favorita de los madridistas. Un puñado de partidos europeos repartidos durante el año que resultan todo un oasis en mitad de las infumables y decadentes competiciones españolas.
El ambiente en el templo es magnífico. Hay mosaico en las gradas. El mosaico con cartulinas en el estadio es buena señal. A veces las cartulinas se transforman en banderas blancas con el escudo del Real Madrid. Esta parafernalia es indicativa de que el partido es muy importante. Estamos cerca de la gloria.
El rival es un grande de Europa. Aunque nos hayamos acostumbrado a eliminarles. Es un histórico. Tiene grandes jugadores. Y es de esos equipos que te cogen por la pechera y te zarandean, estén mejor o peor. Equipo ganador con mentalidad guerrera. Y nosotros somos el jefe final más temible de los videojuegos. Choque entre colosos.
El Madrid sale con una defensa demasiado optimista, pero no hay otra. Les he hablado de esto en varios artículos. Necesitamos defensas pesimistas, como don Raúl Asencio, como don Ferland Mandy. Hace unas semanas publiqué un mensaje que simplemente rezaba «Sin Mendy no hay Champions». A estas alturas de la competición la concentración defensiva es imprescindible. En cualquier desajuste recibes gol. La voracidad de los delanteros de cualquier equipo no tiene nada que ver con la que tienen en sus ligas o en la liguilla previa. Todos se transforman en cuanto llegan las eliminatorias. Analicemos la zaga. Comentaba esto en los primeros minutos con mi venerable padre. Demasiados defensas optimistas. Solo un pesimista: don Antonio. Trent, Huijsen y Carreras son optimistas. En varios artículos les he expresado mi temor a una zona izquierda de la zaga custodiada por dos optimistas como Dean y Álvaro. Deberán nachizarse un poco, todavía son jóvenes. En batallas como la de hoy mi apuesta es Trent, Asencio, Rudiger y Mendy. Incluso rescataría a Fran Wahlberg o llamaría a Coentrao. Pero jugaremos con lo que hay.
El Bayern sale avasallando. A los cuarenta y cuatro segundos ya nos han lanzado el primer obús, que sale por encima de la portería de don Andriy. En los nueve primeros minutos nos tiran a puerta varias veces, sacan tres corners, tienen una falta al borde del área, ponen varios centros por arriba que neutraliza Huijsen – nuestro escudo antimisiles -, intentan un gol olímpico y tienen un remate que saca bajo palos Carreras. Han generado más peligro que varios equipos de la Mugrienta en toda la primera vuelta. Así son los germanos.
El Madrid responde con oficio, orden y capacidad de sufrimiento. El planteamiento está claro. Defender como podamos las acometidas de los bávaros y contraatacar con nuestras tres balas: Valverde, Vinicius y Mbappé. El partido está precioso. Ambos equipos despliegan juego, belleza e intensidad. El Madrid es sometido a un estrés importante. Cometemos algunos errores en la salida de balón, pero Lunin está atento. Respondemos con buenas ocasiones de Mbappé y Vini. Don Arda Guler está muy bien conservando, cuidando y mimando el balón. Lo hace con suma delicadeza. Lo envuelve en papel de regalo y lo envía con suavidad a Kylian, su socio preferido. El francés se encuentra una y otra vez con el protagonista del partido, don Manuel Neuer, portero de época. Todavía recuerdo el bombardeo al que le sometió Cristiano en Múnich. Fue una actuación asombrosa. Lo detuvo casi todo, pero acabó sucumbiendo a la insistencia y a la voracidad del portugués.
En el minuto treinta y seis sufrimos una baja importante para el partido de Múnich. Michael Oliver le saca una tarjeta amarilla muy rigurosa a don Aurélien. Posiblemente su sustituto en Alemania sea don Eduardo. Tendremos que darle varios cocidos y cambiar sus trenzas por el corte setentero de Tchouaméni para ver si los alemanes no se dan cuenta.
Y cinco minutos después, otra mala noticia. Se adelanta el Bayern. Jugada desafortunada. Pase de Vinicius que rebota en el brazo de Olise y en un visto y no visto acaba en los pies de Luis Díaz, que está solo delante de Lunin. El golpe es duro. El partido estaba siendo igualado. Los Arbeloa boys estaban jugando a un gran nivel. Los teutones también. Partido precioso. El Madrid no se arruga y se va a por el empate. Upamecano comete un penalti tonto sobre Vinicius que Oliver decide no pitar y el VAR prefiere no revisar. La actuación de Michael Oliver está siendo de todo menos casera, se parece bastante a las exhibiciones de De Burgos Bengoetxea en el Bernabéu.
Nos vamos al descanso. Y mejor no haber salido de los vestuarios. A los veintiún segundos recibimos el segundo. Golazo de Kane desde la frontal. Resultado abultado para los méritos de uno y otro, que dirían los cronistas. Pero esto es la Champions League y los partidos entre equipos tan grandes se acaban decidiendo por pequeños detalles. Aciertos y errores. Don Álvaro pone a calentar a Brahim, Militao y Bellingham.
El Madrid apela a la épica. Los Arbeloa boys cargan contra los soldados de Kompany. Aumenta la intensidad de las escaramuzas. El Bayern se defiende bastante bien y busca la contra para sentenciar la eliminatoria. Empiezan a aparecer espacios en el campo de batalla. Empezamos a bombardear la portería de Neuer, pero está espectacular. Vinicius se planta solo delante de él y el cancerbero le va empujando hacia un lado para que vaya perdiendo ángulo. El tiro de Vini se estrella en el lateral de la portería. El Bayern está sufriendo.
Cierto sector del madridismo al que denomino pseudomadridismo debería aprender a gestionar la frustración. En el fútbol y en la vida. Esto es la Champions. El resultado del partido no es bueno, pero el partido del Madrid sí lo es. Está faltando acierto para materializar las oportunidades. Y Neuer está siendo el mejor del Bayern. Sigue parando una y otra vez los disparos de Vinicius y Mbappé. En el setenta y cuatro don Trent le lanza un magnífico pase a Kylian y esta vez el balón sí entra en la portería.
Faltan quince minutos y el Madrid se va a por el empate. Suena zafarrancho de combate y lord Bellingham encabeza las transiciones del equipo hacia el territorio enemigo. El Bernabéu empieza a rugir. El Bayern sufre más de lo que sufrimos nosotros cuando el Bayern nos puso en dificultades. Los alemanes tienen alguna contra que evita el mejor central del mundo. Sí, ese brasileño con bigotito, ese hombre tranquilo que soporta la presión de los mejores delanteros del mundo mientras masca chicle con tranqulidad. Don Éder Militao. Con él y con Ferland llegará la decimosexta.
El partido acaba sin que los chicos hayan podido empatar, pero han hecho un gran partido. Y lo han hecho contra un magnífico equipo que ha jugado a un gran nivel. El resultado no es bueno. Pero esto es lo que le pido al equipo. Lo único. Solo le pido esto. Que el mejor jugador del rival sea siempre el portero. Hoy don Manuel Neuer ha protagonizado una de las mejores actuaciones de su carrera. Acaba recibiendo el MVP al mejor jugador del partido. Se le ve muy feliz posando con el trofeo. Sonriente. Rejuvenecido. Sabe lo que representa. Para él conseguir un MVP en el Bernabéu tiene más valor que una Bundesliga.
Tendremos que tomar Múnich. Seguimos vivos. Creo en el Real Madrid. Nos han dado motivos para hacerlo. Tenemos un entrenador y un equipo capaces de conquistar la ciudad. Veremos si acaban ardiendo los árboles o el Allianz Arena.
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NOTA: Gracias a todos los lectores que me han conocido con Negreira para dummies: el mayor escándalo del fútbol europeo y están comprando también Madridismo sin complejos. Gracias a ustedes se está convirtiendo en un libro de culto entre los madridistas.







