
Escuchada una tertulia, escuchadas todas. Se puede prever con un índice de acierto del 99,99% lo que cada uno de los opinatrices va a decirse trate del tema que se trate.
El problema de escuchar a los opinatrices es que nunca te deparan sorpresa alguna.
Antes de que abran la boca, ya sabes lo que van a decir.
Cada uno ha elegido un rol y a él se atiene sin moverse un ápice.
El resultado es un soberano aburrimiento.





