Casi más que el delito en sí, lo que más molesta es el cinismo y la chulería con que niegan su culpa. Es como si los culpables fuésemos todos los demás y ellos pobres inocentes perseguidos.

Sabemos que no les gusta, pero se vana tener que aguantar.
Además de no reconocer el delito, encima van de chulos y perdonavidas.
El problema que tienen es que algunos, muchos, no nos vamos a cansar de señalarles.
El baldón y el oprobio les perseguirán hasta la eternidad.

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