Son fiscalizadores a tiempo parcial, de forma selectiva. A uno no le dejan pasar ni una, todo está mal aunque se lo inventen. Del otro nunca hablan de lo malo, callan o blanquean a destajo.

Se les llena la boca con conceptos grandilocuentes y misiones trascendentales. Apelan a la libertad de expresión e información, al cuarto poder, al papel de contrapeso que el periodismo debe asumir, pero todo es de boquilla. O más bien es selectivo, se ejerce contra algunos, pero a otros se les permite campar a sus anchas haciendo lo que les venga en gana y sin un solo reproche. A uno le escudriñan hasta las entretelas, del otro ignoran todas sus andanzas, cuando no las blanquean a la vista de todos.

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