
Algún día quedará al descubierto por qué callan y ocultan aquello que deberían contar a su audiencia. Al menos eso espero, aunque será demasiado tarde porque el mal ya estará hecho.
Mientras con uno dan relevancia inusitada a la noticia más estúpida, con el otro callan informaciones relevantes que le dejarían en mal lugar. Han elegido el silencio como la manera de ejercer su profesión, un silencio cómplice y protector que, por regla general, sólo afecta a lo negativo de uno. No sé si algún día pagarán por lo que hacen, o más bien por lo que no dicen, pero sería lo justo. Ser el soporte mediático imprescindible de tantas tropelías, sin cuyo concurso no se sostendría todo el tinglado, no debería salirles gratis.





