Todo aquello que no convenga al Relato es sistemáticamente eliminado, olvidado, obviado o blanqueado si al final sale a la luz.

Al poco tiempo de llegar al poder, Stalin ordenó que León Trotsky desapareciese de todas imágenes de la revolución bolchevique. Los demás permanecían en las fotos, pero, para la historia oficial, parecía como si Trotsky jamás hubiese existido. En «1984», la novela de George Orwell, el Ministerio de la Verdad destruye los registros del pasado y crea otros nuevos para controlar la mente de los ciudadanos. En la prensa deportiva española sucede algo parecido, aquello que no interesa al relato oficial desaparece y jamás es mencionado, aunque se trate de un gigantesco elefante en medio de la habitación.

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