Si no lo entienden es porque no quieren. Los hechos están ahí, bien a la vista, como un enorme elefante rosa, pero ellos se empeñan en ignorarlo o, llegado el caso, ocultarlo bajo la alfombra.

España es un país extraño, en algunas cuestiones muy alejado de otras naciones de su entorno. En Italia, en Inglaterra, incluso en Turquía, las trampas son perseguidas y castigadas. Aquí, quien recibe el reproche social es quien denuncia las trapacerías de otros. Tenemos personas corruptas en todos los sectores de la sociedad, hasta entre los jueces, pero el estamento arbitral, pese a todo lo que se conoce, nos lo presentan como angelical e incorruptible. Todo es pura fachada, que esconde en su interior la podredumbre que la mayoría de los medios quiere ocultar.

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