Para algunos resulta ser una ofensa terrible. Para mí, una chorrada inflada hasta límites absurdos, una muestra más de los tiempos intransigentes en los que nos ha tocado vivir.

Puede que sea una consecuencia de la edad, pero cada vez me siento más inclinado a distinguir y separar lo realmente importante de lo anecdótico. El problema es que muchos, con los ciudadanos periodistas a la cabeza, tienden a considerar cataclísmico lo que, al menos a mi juicio, no pasa de ser una solemne chorrada. Vivimos en tiempos en los que cualquier estupidez, según interese, se convierte en algo terrible y gravísimo. Vivimos en tiempos de intransigencia, sobre todo para los demás.

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