
Era más fácil irte de rositas en un juicio medieval que de uno mediático actual en el que, depende de quien seas, ya estás condenado de antemano.
En estos tiempos modernos, se han sustituido los llamados «juicios de Dios» por otros em los que también es imposible que acabes siendo inocente. En la Europa medieval, te quemaban con un hierro al rojo y si te curabas milagrosamente es que eras inocente porque Dios estaba contigo. Ahora, en unos juicios amañados en los que los ciudadanos periodistas son juez, jurado y verdugo, es aún más difícil que te absuelvan si lo que les interesa es un veredicto de culpabilidad.





