
No es que se hayan olvidado de hechos que en su día consideraron inaceptables, es que ahora los miran hasta con buenos ojos a pesar de que, objetivamente, eran más graves que los actuales.
Cualquier tiempo pasado fue mejor y cualquier comportamiento criticado entonces se convierte ahora en algo sin importancia porque así conviene. Jugadores señalados por su afán por la fiesta descontrolada, no digo que en la actualidad sean puestos como ejemplo, pero sí se recuerda con una sonrisa cómplice. La cuestión es llegar a la conclusión de que lo de ahora sí es realmente grave, aun que tal vez dentro de unos años sea sustituido por la crítica feroz al chivo expiatorio del futuro.





