11 de octubre de 2026

Les avisé a mis lectores en redes sociales antes del partido. Les dejé la siguiente reflexión: «Si los jefes del tinglado fuesen inteligentes nos dejarían competir hoy para no finiquitar la Mugrienta Liga Negreira en octubre, devaluar el producto y perder espectadores en todo el mundo. Pero Laporta quiere que este año sus chicos jueguen con muchos puntos de ventaja para que se puedan centrar en la Champions». No es que sea adivino, es que son muy predecibles. El Comité Técnico de Árbitros va con todo. Actúan así porque se saben inmunes. Son intocables. Tan intocables como Jordi Pujol, Carles Puigdemont y el Fútbol Club Barcelona. Al fin y al cabo pertenecen al mismo tinglado.

En todos los partidos de la Mugrienta Liga Negreira vemos lo mismo. Cualquier aficionado neutral del mundo sospecharía que a los Negreira boys del Cártel Técnico Arbitral les dicen antes de los partidos que al Real Madrid solo le pueden pitar una de cada dos faltas que reciben. Y con las tarjetas lo mismo. Ni siquiera intentan ser sutiles. Son tan poco inteligentes que cumplen a rajatabla. Y en todo el mundo se dan cuenta de que algo huele a podrido en el arbitraje español.

Nuevamente apenas voy a hablar de fútbol. Lo de la Mugrienta Liga Negreira no es deporte. Las crónicas de los partidos del Real Madrid deberían estar en la sección de sucesos de los periódicos, no en la de deportes. Lo que vemos todas las semanas se parece más a un hurto en grado de tentativa, con nocturnidad y alevosía, que a un partido de fútbol.

Díaz de Mera, el árbitro de campo, hizo todo lo posible. El Madrid estaba espeso. El Villarreal estaba muy bien en defensa. Pero don Federico Valverde hizo una de sus incursiones en líneas enemigas y le filtró un magnífico pase a Yan Diomande. El marfileño marcó su primer gol en el Real Madrid. Ha venido a hacer historia y ya la está haciendo. Es el doble de Vinicius en la banda derecha. Lleva rastas y cinta en el pelo para que podamos distinguirlos. Nada más marcar Yan, el linier, visiblemente nervioso, levantó el banderín como un resorte. No sea que le llame la atención Fran Soto. El VAR no tuvo más remedio que dar como válido el gol. Suerte que el fuera de juego es automático y no dependemos de que Muñiz Ruiz pinte los muñecos.

Después del gol del Madrid, Díaz de Mera se desquició, perdió los papeles. Vio que el Madrid se iba a hacer con los tres puntos. Empezó a sacar tarjetas amarillas a los jugadores del Real Madrid a diestro y siniestro, bajo cualquier pretexto. También se fue corriendo a la banda a por don José Mourinho y le mostró una amarilla, cortesía de AESAF, la Asociación Española de Árbitros de Fútbol. A los árbitros españoles les encanta hacerse los machitos delante de sus compañeros exhibiendo las tarjetas que les sacan a los jugadores y a los entrenadores del Real Madrid. Yo expulsé a Vinicius el día que le llamaron mono en Mestalla. Yo pité el final del partido en un centro al área que remató Bellingham y además le expulsé. Yo expulsé a Vinicius cuando le hicieron un mataleón. Yo fui el primero que expulsó a Mbappé en España. Yo fui el primero en sacarle una amarilla a Mourinho en su segunda etapa en el Madrid. Y así con todo. El Bernabéu empezó a cantar «Corrupción en la Federación» y «Laporta paga a Negreira». Un día más en la Mugrienta.

Don José revolucionó el partido en la segunda mitad con dos pequeños cambios. Centró a don Arda Guler y mandó al lateral a don Federico Valverde. El uruguayo vio las grandes praderas y empezó a dominar toda la banda derecha. Infatigable. La otra decisión clave fue sacar a don Vinicius José Paixão de Oliveira Junior. El brasileño aumentó la velocidad del equipo, salió a comerse el campo y el partido, en tan solo cinco minutos le dio una aistencia a Yan, provocó dos corners y realizó un tiro a puerta. Contagió al resto de los compañeros, que tenían un aire apesadumbrado porque no encontraban la manera de abrir una brecha de agua en el submarino.

En el minuto setenta y dos, lord Bellingham hizo una magnífica incursión por el territorio natural de Vinicius, llegó a la línea de fondo y le dio un pase de la muerte a Vini, que marcó el segundo. Todos celebraron el gol con rabia. Mourinho se unió a los jugadores en la celebración. Pero Muñiz Ruiz y sus secuaces en la sala VOR de Las Rozas empezaron a analizar las imagenes con más esmero y dedicación que Kevin Costner examinando la película de Zapruder. Los Negreira boys encontraron un fotograma en el que, en la carrera de Vinicius, este se quita de encima al defensa que se interpone, para ello hace un gesto con la mano y sus dedos se enredan en el pelo del jugador de Villarreal. Se produce un estirón de pelo. Un estirón que no detiene la carrera del defensa.

Muñiz Ruiz avisó a Díaz de Mera. Sí, se puede pitar falta y anular el gol. Pero el árbitro de VAR avisó al árbitro principal argumentando una «posible conducta violenta». Algo que no ha ocurrido en ningún caso. Una excusa para expulsar a Vinicius Jr., para dejar al Madrid con diez y para facilitar un posible empate del Villarreal. El árbitro principal vió la jugada en el monitor y decidió anular el gol y expulsar a Vinicius. La roja a Vinicius le impedirá jugar el clásico. Han adulterado el Fútbol Club Barcelona – Real Madrid con dos semanas de antelación. Si es necesario nos sacarán otra tarjeta roja contra el Sevilla. Ándese con cuidado, lord Bellingham. O le sacarán una amarilla a Konaté para que cumpla ciclo.

A partir de ahí la táctica de los Negreira boys del CTA fue desquiciar a los jugadores del Real Madrid a base de tarjetas amarillas. Unos minutos después de la roja a Vinicius, Díaz de Mera se inventó una tarjeta amarilla a Konaté, que no tocó en ninún momento a Gerard. La jugada se produjo a un lado del linier que se calló para seguir cobrando su sueldo.

El equipo se rebeló ante el acoso de los colegiados, todos se unieron, lucharon encarnizadamente, defiendieron y resistieron los embates del Villarreal y de los Negreira boys. Consiguieron los tres puntos. Mala noche para el Comité Técnico de Árbitros. Quedaron en evidencia delante de todo el mundo y no conseguieron restarle ningún punto al Real Madrid. Hicieron todo lo posible, pero no puedo ser. Hay que destacar la entereza de los jugadores para luchar jornada tras jornada contra estos tendenciosos arbitrajes. En días como este hay que estar más que nunca con este equipo. Todos unidos contra el CTA.

Y ahora les contaré qué es la corrupción sistémica. Según publicó la prensa española en su día: «El juez del caso Negreira cree que hubo corrupción sistémica en el arbitraje para favorecer al Barcelona. El magistrado apunta a que el que fuera vicepresidente del comité que designa a los colegiados asignó a los que eran afines encuentros relevantes e internacionales para que aumentaran sus ingresos de manera muy importante. El Real Madrid con sus denuncias está poniendo en peligro el modo de vida de estos árbitros.

La corrupción sistémica es que le saquen tarjeta roja a Vinicius por un estirón de pelo cuando en una agarrón similar a Marcelo dentro del área no pitaron ni falta. Hace unos días una jugadora del Fútbol Club Barcelona femenino le agarró del pelo a una jugadora rival y le sacaron tarjeta amarilla. El año pasado un jugador del Mallorca agarró del pelo a un jugador del Leganés y le tiró al suelo, deteniendo su carrera. Fue tarjeta amarilla. Así que no me vengan ahora con lo de «el reglamento dice». No cuela. De estas cuatro jugadas con agarrones de pelo, los árbitros del Comité Técnico Arbitral de España tan solo han sacado tarjeta roja en una de ellas. En la más leve. En la única en la que el protagonista del agarrón era un jugador del Real Madrid. Sí, ese equipo contra el que los árbitros españoles han presentado dos denuncias.

La corrupción sistémica es que el año pasado Muñiz Ruiz, siendo árbitro de campo, considerase tarjeta amarilla un estirón de pelo mucho más violento de un jugador del Mallorca que detuvo la carrera de un jugador del Leganés y anoche desde el VAR avisase a Díaz de Mera porque la acción de Vinicius le parecía una «posible conducta violenta». Sí, el mismo árbitro con un criterio distinto. A Muñiz Ruiz ya le conocemos. Es un sospechoso habitual.

La corrupción sistémica es que tras el agarrón a Marcelo saliesen en rueda de prensa Velasco Carballo, presidente del CTA, y Clos Gómez, jefe del VAR, a justificar por qué no pitaron penalti por agarron de pelo a Marcelo. La corrupción sistémica es que este martes el Comité Técnico de Árbitros en su video «Tiempo de revisión» – yo le llamo «Tiempo de Negreira» – saldrá a argumentarnos lo contrario. Por cierto, quería agradecerle a Jesús Alcaide que me citase anoche en Real Madrid TV y reprodujese el contenido de mi post con los argumentos que dieron Velasco Carballo y Clos Gómez para no señalar penalti y tarjeta roja en el agarrón a Marcelo.

La corrupción sistémica es que toda la prensa deportiva española salga a justificar que la acción de Vinicius es tarjeta roja cuando se calló en las acciones que he citado con anterioridad.

La corrupción sistémica es que en un partido el equipo rival cometa 13 faltas y vea 2 tarjetas amarillas y que tu equipo cometa 8 faltas y reciba 5 tarjetas amarillas y una tarjeta roja.

La corrupción sistémica es que en estas ocho jornadas de la Mugrienta Liga Negreira los Negreira boys del CTA le hayan sacado al Fútbol Club Barcelona 10 tarjetas amarillas y al Real Madrid 17 tarjetas amarillas y 2 tarjetas rojas.

La corrupción sistémica es que en estas ocho jornadas de La Liga a los rivales del Real Madrid hayan dejado de sacarles 5 tarjetas rojas. Una patada en la espalda a Vinicius con el juego parado y sin opción de disputar el balón, codazos a Cucurella y Huijsen y pisotones a Bellingham en la rodilla y a Valverde en el tobillo. Todas ellas acciones mucho más violentas que el estirón de pelo de Vinicius. En los mismos partidos, los mismos árbitros ya le han sacado 2 tarjetas rojas al Real Madrid.

La corrupción sistémica es que a Konaté en la Premier League le sacasen 15 tarjetas amarillas en 5 temporadas – una media de 3 amarillas por temporada – y en la Mugrienta Liga Negreira lleve ya 4 amarillas en tan solo 7 partidos.

La corrupción sistémica es que, desde que se implantó el VAR en España, al Real Madrid le hayan anulado 43 goles mientras que a los siguientes equipos con más goles anulados le han invalidado 22 (Atlético de Madrid y Villarreal) y al Fútbol Club Barcelona le hayan anulado 19. Debe ser cosa de la neutralidad que compraron.

Mourinho decidió no salir a la rueda de prensa para evitar ser sancionado, quiere estar en el banquillo ante el Sevilla y ante el Fútbol Club Barcelona. Vinicius salió del estadio y los madridistas rodearon su coche y le vitorearon mostrándole su cariño y su afecto. Nadie como él encarna la lucha contra la persecución del CTA . Es el enemigo público número uno del tinglado. El madridista de bien lo sabe y se lo agradece. Vini sonrió al volante. El Madrid se había llevado los tres puntos. La corrupción sistémica ganará La Liga, pero esta batalla la han perdido.


NOTA: Gracias a todos los lectores que me han conocido con Negreira para dummies: el mayor escándalo del fútbol europeo y están comprando también Madridismo sin complejos. Gracias a ustedes se está convirtiendo en un libro de culto entre los madridistas.

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