14 de octubre de 2026

AS Roma 3 – 4 Real Madrid

El Madrid de Mourinho visita el Olímpico de Roma en la segunda jornada de esta contrahecha liguilla de la Champions League. Ya saben que considero una chapuza juntar en una misma tabla clasificatoria a equipos que nunca se han enfrentado entre sí.

El once de Mourinho nos indica que don José apuesta por el músculo en el centro del campo. The special one sabe con quién se enfrenta. Gasperini es un entrenador muy atípico. Plantea marcajes al hombre en todo el campo. Algo que hoy en día se considera prehistórico. Sus equipos plantean una presión muy fuerte en todo el campo. No resulta fácil deshacerse de ellos. Pero don José ha visto los partidos que le planteó don Carlo a don Gian Piero y se nota.

Durante los primeros veinte minutos del encuentro, la Roma controló el partido y generó cierto peligro. El Madrid apenas pasaba de medio campo. Costaba articular dos o tres pases seguidos. La defensa no conectaba con el centro del campo. Cuando lo hacían, el centro del campo no conectaba con los atacantes. Cuando el balón iba de la defensa a los delanteros se perdía con más facilidad que un envío de Correos. No había continuidad alguna en el juego del Madrid.

En una buena jugada de la Roma, De Roon cazó un balón suelto en la frontal y batió a Courtois de un misilazo que rozó en algún jugador. El partido se ponía cuesta arriba. Ni los más optimistas podían pensar que el Madrid iba a conseguir empatar, para ello debía primero pasar del centro del campo, algo que se antojaba misión imposible.

Pero la ventaja de que el rival plantee un marcaje al hombre en todo el campo es que, si los delanteros están acertados y se van de su marcador, aparecen unos espacios enormes y se crean ocasiones con facilidad. Y así fue. Apenas cinco minutos después del gol romanista, el balón llega con claridad a Mbappé y este fusila al portero desde fuera del área. Un misil tierra aire similar al de fabricación italiana. Desvío por parte de un defensa y gol. Esto es el Madrid. Veinticinco minutos de asedio de las tropas romanas y el Real, con dificultades para darle continuidad al juego, iguala el marcador en una oportunidad aislada.

Y no solo eso. Pese al dominio de la Roma, Cucurella se plantó solo delante del portero y su tiro buscando el palo más cercano se marchó fuera. Podría haber sido el segundo. Y en el último suspiro de la primera parte, Vinicius se internó por su hábitat natural y le lanzó un gran pase a lord Bellingham que se marchó fuera por poco. Con un poco de acierto hubiese sido el tercero. Dos oportunidades claras en una primera parte en que la Roma nos había machacado. Esa fue la expresión que utilizó don José en la rueda de prensa. La Roma nos ha machacado.

Mourinho nunca deja efectivos solos calentando en el césped durante el descanso. Los quiere a todos en el vestuario. Quiere que todos reciban las instrucciones. Que todos formen parte del grupo. Que compartan objetivos. Por eso no suele proponer cambios nada más empezar la segunda mitad. El equipo empieza la segunda parte con el mismo once, pero con las tropas de reemplazo ajustándose la coraza y afilando sus espadas en la banda. Camavinga, Guler, Silva, Espí, Endrick. Todos esperando sus minutos de gloria.

Pero el once titular concede dos goles en seis minutos. Don José tenía ya los primeros cambios previstos entre ambos goles. Dos de los tres goles encajados vienen de pérdidas de balón en el centro del campo. Es algo que el equipo debe mejorar. El partido está muy cuesta arriba. Falta media hora de partido. La primera hora de partido ha sido decepcionante. Del uno a tres que hubiesen supuesto las oportunidades de Cucurella y Bellingham pasamos al tres a uno. El protagonista del partido es Malen, que durante unos minutos parecía Ronaldo Nazario.

Don José saca toda la artillería. Valverde al lateral. En esa zona donde se siente libre y galopa por toda la banda. Guler y Silva a los mandos. Ambos sacan el balón jugado. Arriba Mbappé, Espí, Endrick, Jude, todos desencadenados. Y Konaté y Rudiger sobrevolando el área romana en los corners.

El Madrid empieza a aumentar la intensidad y la velocidad de juego a medida que las energías de los de Gasperini empiezan a agotarse. Es algo normal. Don Carlo lo sabía. Don José también. La gasolina no dura noventa minutos, nos dirá don José en la rueda de prensa. Los suplentes empiezan a jugar muy bien. Nadie va a descubrir ahora a Silva y Guler. Mueven bien al equipo. Pero hay que destacar el hambre de Endrick y Espí. Estos gladiadores llevan semanas en las mazmorras del coliseo. A pan y agua. Entrenando entre ellos. Con la espada y con el escudo. Tienen cicatrices en todo el cuerpo. Están muy preparados física y mentalmente. Salen siempre a comerse la hierba y a merendarse al rival.

En el minuto ochenta y tres, don Arda Guler se dispone a sacar un córner. En ese preciso instante tengo claro que, si el Madrid marca, empatamos el partido. Ya saben qué soy optimista. No veía posible la victoria, no por el despeño y las ganas del equipo sino por el poco tiempo disponible. Pero el Madrid es capaz de todo. Cuando se unen buenas decisiones tácticas, buen juego, energía, una mentalidad ganadora y una fe indestructible, pasa lo que tiene que pasar. El Madrid de don José empieza a bombardear Roma y toma la ciudad en apenas siete minutos. Espí, Endrick y Rudiger cogieron el testigo de Joselu, de Rodrygo y de Benzema y protagonizaron una nueva remontada europea del Real Madrid.

Para la prensa deportiva española y para los madridistas disfrazados en una noche amarga. En siete minutos el Real Madrid de don José Mourinho les ha amargado la velada. Se las prometían muy felices. Llevaban sesenta minutos cavando una fosa ancha y profunda para enterrar al equipo. Mucho esfuerzo para nada. A cambiar portadas. A borrar posts. A tragar bilis. Todos se centrarán en el mal juego del equipo del equipo durante la primera hora y nos venderán que todo ha sido suerte, que han sido tres goles de córner. Que no hay que ser resultadista.

Pero los partidos duran noventa minutos. Y tenemos que huir de análisis simplistas y de poner el foco en solo una fase o unos minutos del encuentro y obviar el resto. Hay que ver y analizar el partido completo. Intentar entender qué ha pasado y por qué. Muchos argumentan que el equipo de la última media hora ha jugado mucho mejor que el de la hora inicial. Así es. Pero eso no quiere decir que si el equipo de la media hora final hubiese salido de inicio el equipo hubiese jugado mejor. Y mucho menos que ese once debe ser el titular a partir de ahora. Hay más cosas a considerar. Esto no es un videojuego de Playstation, esto es una partida de ajedrez. El equipo de Gasperini realiza una presión asfixiante, hombre a hombre en todo el terreno de juego, en ese escenario de partido Mourinho apostó por músculo en el centro del campo. Valverde, Tchouaméni y Bellingham. El centro del campo titular resistió los ataques del ejército del imperio romano a base de sufrimiento. En el planteamiento de Mourinho no estaba previsto encajar dos goles por pérdidas de balón. Sin ellas, a pesar de jugar mal, la hora inicial era de uno a uno, o de uno a tres si el Madrid hubiese aprovechado las claras ocasiones de Cucurella y Bellingham. Una vez sofocadas las embestidas de los romanos, sus reservas de combustible debían ir agotándose. La media hora final era un escenario propicio para ganar el partido. Esa era la jugada de don José. De hecho tenía ya los cambios preparados. Lo que no previo Mourinho es llegar a ese momento con un tres a uno en el marcador tras dos goles en siete minutos. Con un rival cansado, los gladiadores madridistas que salieron frescos y hambrientos jugaron muy bien, con un rival agotado todo resulta más fácil y la superioridad fue aplastante. Un Madrid más débil de inicio en el centro del campo, por ejemplo con Guler y Silva, se hubiese llevado cinco en la primera hora de partido. Como enseñanza para el futuro el equipo debe intentar minimizar las pérdidas en el centro del campo y no tener que apelar a la heroica para ganar los partidos.

Algo que no destacan ni la prensa ni los aficionados es la fuerza mental del equipo. Cualquier equipo del mundo se viene abajo con un tres a uno. Este equipo no lo hizo. Creyeron todos hasta el final. Otro aspecto encomiable es cómo tiene de motivados don José a los suplentes. Salieron todos a dar su vida por el equipo. Y consiguieron una proeza. El grupo está muy bien a nivel psicológico. Todos creen en el proyecto y en el entrenador. Darían su vida por él. Sin esa fe, el milagro hubiese sido imposible.

Mis lectores ya saben que soy de apoyar al equipo y de creer hasta el final. El equipo no se vino abajo anímicamente tras el tres a uno. Demostraron cabeza fría y corazón caliente. Los ajustes de don José hicieron el resto. Si en algún equipo del mundo se puede creer es en el Real Madrid. Lo ha demostrado una y otra vez a lo largo de su historia. Me sorprende que muchos madridistas sigan empeñándose en no creer. Disfruten de noches como estas. Están al alcance de muy pocos aficionados al fútbol. Solo me queda darle las gracias a nuestro entrenador y a nuestros chicos por haberle rendido un homenaje tan bello a la decimocuarta.


NOTA: Gracias a todos los lectores que me han conocido con Negreira para dummies: el mayor escándalo del fútbol europeo y están comprando también Madridismo sin complejos. Gracias a ustedes se está convirtiendo en un libro de culto entre los madridistas.

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