
Álvaro Arbeloa, como todo entrenador del Real Madrid, se encuentra ante una disyuntiva imposible. Sabe que, haga lo que haga, una cosa o su contraria, se le van a dar palos.
No por ya conocido, termina uno por acostumbrarse. Ya sabemos que el entrenador del Real Madrid, y por extensión al club en su conjunto, se le critican todas sus decisiones. El problema es que en esa crítica no hay coherencia. Si se decide por una opción, habrá críticas, pero si lo que se decide es justo lo contrario, no habrá elogios, sino palos también. Mirándolo bien, sí que existe una coherencia en el proceder de los ciudadanos periodistas: haga lo que haga el Madrid, una cosa o su opuesta, siempre pensarán que se equivocó.





