
Han reaccionado todos en tromba como vírgenes ofendidas. Ellos, que piden cabezas todos los días, que todo lo critican, se ofenden porque alguien les pone delante del espejo. Se creen intocables.
Un truco facilón para desacreditar a alguien que está diciendo verdades como puños es acudir al argumento de que se ha equivocado en las formas. Por lo visto, no ser un gran orador, y en realidad Florentino Pérez nunca lo ha sido, desactiva y quita valor al contenido del mensaje. El otro truco, igual de facilón, es destacar lo accesorio de las denuncias y obviar las más graves y relevantes. Ambos trucos son puestos en práctica con gran pericia por los ciudadanos periodistas.





