De alguna manera, aunque sea simbólica, tenía que agradecer la inestimable ayuda de quien, día tras día, me salva el programa en estos tiempos de escasez provocados por el Mundial.

Sería de estúpidos negar que el chaval es bueno, pero la campaña de marketing que le acompaña es todavía mejor. Todo lo que hace, por nimio que sea, es elevado a la categoría de genialidad sin parangón. Para su comportamiento, aunque a veces sea infantil, de niño malcriado, siempre hay excusas y justificaciones. A otros, por hacer lo mismo o incluso muchísimo menos, se les crucifica por arrogantes y egoístas, por pensar sólo en sí mismos y no en el equipo.

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