29 de agosto de 2026

El fútbol es la representación de la guerra. Esa es mi conclusión tras muchos años y muchas lecturas. Por eso es el deporte universal. El más seguido. Los hombres llevamos el gen guerrero de nuestros ancestros en el ADN. Hombres de todas las épocas, culturas y procedencias han tenido que defender sus territorios o conquistar los ajenos. El fútbol es el deporte que representa mejor una batalla entre dos ejércitos. Este maravilloso juego no se trata de veintidós millonarios corriendo detrás de un balón como simplifican los ajenos a este deporte. Se trata de una batalla entre dos ejércitos que tiene lugar en una pradera. Ambos contendientes utilizan una estrategia militar para conquistar el territorio enemigo. La portería. La red. La gloria.

Este es uno de los motivos por los que, al entrar en el Bernabéu, al subir las escaleras, al acercarme al vomitorio y empezar a vislumbrar las gradas de enfrente y finalmente el césped, el escaso vello de mis brazos se pone en modo de saludo militar.

Entre los grandes generales de la historia del fútbol tengo que destacar a dos por encima del resto. A don Carlo Ancelotti, que ha conquistado todos los campos de Europa con distintas tropas de distintos países y en distintas épocas. Un estratega atemporal. El más sabio. El más astuto. El líder tranquilo. El otro es don José Mourinho. Un general capaz de detectar los flancos débiles del ejército enemigo como nadie. Y de motivar a sus tropas hasta el punto de querer dar la vida por él en el campo de batalla. No importa el estandarte. Ya sea el del Oporto, el del Chelsea, el del Inter de Milán, el de la Roma o el del Real Madrid. Todos dan la vida por don José.

Las hazañas del general portugués siempre se han dado en circunstancias muy adversas para sus tropas. Don José I consiguió conquistar Europa con el Oporto. Corría el año 2004 d.C. Fue toda una hazaña ganar una Champions League con un equipo tan humilde. Ese logro le abrió las puertas de Inglaterra, la tierra de los inventores de este maravilloso deporte. Y allí consiguió reinar. Logró la primera Premier League para el Chelsea, un trofeo que nunca antes había conseguido. Logró que la nueva casa de Chelsea figurase entre las grandes casas europeas y construyó los cimientos de otros cinco campeonatos ingleses. Tras triunfar en Portugal e Inglaterra decidió comandar las tropas interistas para llevarlas a una nueva Copa de Europa tras cuarenta y cinco años de sequía. Consiguió ganar también la liga y la copa. Se convirtió en el rey de Italia.

Pero don José tiene un hambre voraz. Es un conquistador nato. De la humildad portuguesa al expansionismo militar. De la timidez y la saudade a la audacia sin mesura. El Real Madrid. El mejor club de fútbol de la historia. Un club con unas tropas cansadas, débiles, diezmadas y deprimidas. Un club que nombró en varias épocas a distintos generales que fracasaron una y otra vez en los campos de batalla de Europa. Muchos años sin pasar de octavos de final. Unas campañas indignas de la casa más grande de la realeza europea.

La misión de don José I el Conquistador fue preparar a las tropas y motivarlas para lograr vencer al enemigo interior. El ejército de Cataluña contaba con el favor de Enríquez Negreira, el vicepresidente de los jueces de todas las contiendas. Todos lo veíamos. También don José. Los historiadores de la época guardaban silencio sobre unas batallas amañadas. Y lo siguen haciendo hoy en día. Las tropas catalanas contaban con un general que jugaba con las cartas marcadas. Sus tácticas eran falsas y ruines. Con la complicidad de los árbitros, la estrategia de Guardiola I de Catalunya era que sus jugadores fingiesen lesiones y agresiones cuando viesen cerca a un jugador madridista. Inmediatamente después los diez soldados restantes rodeaban al árbitro pidiendo una tarjeta amarilla o roja. Y el trencilla, a las órdenes de Enríquez ejecutaba el plan del general catalán. Don José I se dio cuenta y motivó a los jugadores madridistas de tal modo que las contiendas contra el ejército catalán resultaron especialmente cruentas. La inteligencia catalana consiguió infiltrar a un espía en el vestuario del Real Madrid. Don José I consiguió descubrir de quién se trataba y le ejecutó al amanecer. Nuestro general portugués nunca hizo prisioneros. O estás con el Real Madrid o eres nuestro enemigo.

La moral de las tropas y la excelencia de nuestros soldados, comandados por don José, consiguieron derrotar al enemigo y desterrar al general catalán, que tuvo que abandonar España. Han pasado catorce años y todavía no ha podido regresar. El ejército madridista acabó exhausto. Pero el objetivo se había logrado. Todos murieron con las botas puestas. Pero ya no caían en octavos. Los chicos llegaban a semifinales en todas las campañas europeas. Las grandes casas de Europa nos temían otra vez. Veían el enemigo a sus puertas. Don José I el Conquistador había logrado conquistar España y sentar las bases para la época más gloriosa del Real Madrid. Seis campeonatos europeos en once años. Este humilde trovador ya vaticinó que don José regresaría antes de que transcurriese una década. Finalmente han sido trece años.

Las tropas de don Florentino Pérez se encuentran ahora rodeadas por todos sus enemigos. La Liga, la Real Federación Española de Fútbol, el Comité Técnico de Árbitros, el Consejo Superior de Deportes, las televisiones, las radios y la prensa. Todos vendidos al condado de Cataluña. Reciben ataques de todos. Por todos los flancos. Nuestras tropas están cansadas y heridas, física y psicológicamente. Las contiendas siguen igual de adulteradas que en la época de Enríquez Negreira. Nuestros soldados están hartos de luchar en los campos de España. Don Florentino I necesita nuevamente a don José I el Conquistador. Hace unos meses nuestro Rey escribió una misiva y se la entregó a dos jinetes que cabalgaron en la noche hasta Lisboa. Llevaban un lacre con el escudo del Real. Don José acercó el sobre a una vela. Cuando identificó el escudo resopló. Miró a los jinetes y asintió con la cabeza. Sus ojos se humedecieron antes de enrojecerse. Empieza la Reconquista.


NOTA: Gracias a todos los lectores que me han conocido con Negreira para dummies: el mayor escándalo del fútbol europeo y están comprando también Madridismo sin complejos. Gracias a ustedes se está convirtiendo en un libro de culto entre los madridistas.

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