4 de septiembre de 2026

Real Betis 1 – 0 Real Madrid

Primer pinchazo del Real Madrid de Mourinho en La Mugrienta. Antes del partido les recordé a todos mis seguidores en redes sociales el último Real Betis – Real Madrid, partido disputado en abril en el que nos dejamos dos puntos. Un partido en el que Soto Grado y González Fuertes no quisieron pitar un penalti clamoroso a Vinicius y dieron como legal un gol del Betis en el que Antony agarró del brazo a Mendy, que tenía perfectamente controlado el balón, le tiró al suelo, se hizo con el balón y marcó gol. Una emboscada del CTA para ajusticiar al Madrid de Arbeloa. Esta vez en el VAR tenemos a Iglesias Villanueva, sospechoso habitual. Iglesias Villanueva, hermano de otro ilustre del negreirato, es el arbitrario que no quiso avisar desde el VAR de aquella entrada a Mbappé ante el Espanyol que dio la vuelta al mundo. Iglesias Villanueva forma parte del Comando VAR. Una célula negeirista que conforma junto a Figueroa Vázquez y Trujillo Suárez. Ellos tres son suficientes para adulterar La Liga desde una sala oscura de Las Rozas.

El Real Madrid jugó bien. Muy bien. Los centrales estuvieron imperiales, Mourinho dixit. Controló el partido en todo momento y generó muchas, incontables ocasiones. Disparos a los palos. Ocasiones claras. Álvaro Valles, el portero bético, fue el mejor jugador del Betis. Eso es lo que le pido al equipo, que avasallen, que creen, que generen ocasiones. Lo que no salvó el portero del Betis, lo sacaron los defensas bajo palos. Mbappé no tuvo el día. Tuvo varias ocasiones de las que no suele fallar. Vinicius estrelló un balón en el palo. A Huijsen le sacaron un gol con una parada imposible tras un remate a bocajarro. El balón no quería entrar. La falta de acierto no puede empañar el buen juego del equipo, en la línea de los partidos anteriores. Con un poco de fortuna la primera parte podría haber terminado con un cero a tres o cero a cuatro.

En el fútbol si perdonas, lo acabas pagando. Es una ley más de la naturaleza. Como la ley de la gravedad. Y es inevitable. En un córner, Courtois realiza un paradón tras un remate a bocajarro, pero el balón queda muerto a los pies de Parrot, que anota. El dios del fútbol es implacable.

El Madrid se vuelca con todo y sigue creando ocasiones, pero hoy no es el día. Se han levantado todos con el pie izquierdo. En los últimos instantes, Espí marca un golazo de volea, de espaldas a la portería. El gol es anulado por un fuera de juego previo. Que es. Pero del que han pasado tres días y todavía no hemos visto ninguna imagen de los muñecos del automático. Unos minutos después, Vinicius se interna por la línea de fondo y es barrido por un defensa. Penalti. Mbappé lo falla. Y aquí surge una polémica más.

Valles para el penalti y el balón sale rechazado, cuando Mbappé se dispone a controlar de nuevo el balón llega Bartra y lo despeja. Bartra invadió el área de penalti en el momento del golpeo de Kylian. La norma de la IFAB habla de invadir el área. La media luna del área sirve para delimitar la distancia reglamentaria mínima de 9,15 metros que deben mantener los jugadores, excepto el lanzador y el guardameta, respecto al balón durante la ejecución de un penalti. Bartra, en el momento del golpeo de Mbappé, no estaba a 9,15 metros del balón. Punto y final. A partir de ahí los voceros del CTA se inventaron una serie de excusas para justificar que Iglesias Villanueva no llamase a Hernández Hernández para repetir el penalti. Una de las interpretaciones es que si el jugador que entra en el área está en el aire se debe proyectar su cuerpo al suelo y si este pisa el área, se debe repetir el lanzamiento. En este caso se acogen a que Bartra tenía un pie pisando fuera del área. Pero recuerden que el resto del cuerpo, con el que puede despejar, no está a 9,15 metros del balón en el momento del golpeo. El cuadro resumen de la regla 14 de la IFAB especifica textualmente el siguiente supuesto: «Adelantamiento solo de los defensores. Si no es gol tras el lanzamiento. Si influye en la jugada: se repite el lanzamiento». Punto y final.

Y además está el famoso frame corruptor. En televisión hay veinticinco frames a escoger por cada segundo. Según dónde pare el realizador del VAR, que es un empleado de Mediapro – propiedad de un socio avalista del Fútbol Club Barcelona – subrogado a HBS, Bartra tendrá el pie pisando el suelo o lo tendrá en el aire. Uno de los indicios de que todo fue una negreirada es que, una vez más, solo hemos visto una toma de la jugada, desde un lateral, lejana. No hay tomas más cercanas desde detrás de la portería. Nuevamente la ocultación de pruebas a la que estamos acostumbrados.

Al finalizar el partido, Vinicius, con el brazalete de capitán, fue a conversar con Hernández Hernández y recibió una tarjeta amarilla en los morros. Hernández Hernández presumía en televisión antes del partido de ser un árbitro al que le gustaba dialogar con los jugadores. Pero Alejandro es un culé confeso y dialogar con el capitán del Real Madrid ya no le gusta tanto. En el acta justificó la tarjeta porque Vinicius realizó «observaciones de carácter técnico». Claro, no fue a decirle que le gustaba su peinado. Recuerden a Raphinha increpando a los árbitros del CTA con un «cagones, sois todos unos cagones», con un «a mi no me hables así» con el dedito levantado o con un «la concha de tu puta madre» sin recibir tarjeta amarilla alguna. La respuesta del Comité Técnico de Árbitros a Raphinha fue ver a Ortiz Arias hace unos días en el saque inicial del Barcelona – Athletic de Bilbao compadreando con él y diciéndole «me gusta tu bigote, eh».

La imagen de Hernández Hernández sacándole la tarjeta amarilla al capitán del Real Madrid resume a la perfección en que consiste el negreirato. Hernández Hernández es uno de los fundadores del sindicato de árbitros, que tiene denunciado al Real Madrid. Antes de la tarjeta al capitán del Real Madrid le sacó una a su entrenador. En la justicia ordinaria no te puede juzgar un juez que te haya denunciado, puede ser recusado, es un conflicto de intereses evidente. Como el conflicto de intereses del Fútbol Club Barcelona con Negreira, como el de Rubiales con Piqué forrándose con la Supercopa de España en Arabia, como el hecho de que las imágenes del VAR las suministren empleados de un socio avalista del Fútbol Club Barcelona. En el fútbol español se han traspasado todos los límites de la decencia. Recuerde la frase sobre la mujer del César. Los árbitros no solo no lo son, tampoco se esfuerzan en parecerlo. Todo se permite. En España al Real Madrid le juzga todas las jornadas un colectivo que le tiene denunciado. Unos árbitros que muestran animadversión hacia una de las partes a las que debe juzgar. Unos colegiados que amenazaron al Real Madrid antes de arbitrarle una final. Esto solo puede ocurrir en un país sumido en la corrupción.

El domingo por la tarde vivimos un episodio muy grave. Javi Navarro, jugador del Atlético Albacete, le propinó un violento codazo en la cabeza a Valero, jugador del Real Madrid C. Fue una agresión que podría haber acabado en desgracia. Xisco Vidal Esteban, colegiado de segunda RFEF del colegio balear, solo mostró tarjeta amarilla. El linier estaba al lado de la jugada y se preocupó más en contener las protestas de los jugadores blancos que en avisar al árbitro principal de la gravedad de la acción. Les adelanto que Undiano Mallenco, histórico del negreirato que acaba de ser nombrado responsable de los árbitos de Primera RFEF, premiará a Xisco Vidal Esteban con un ascenso la próxima temporada. Porque la dinastía de los Negreira boys no tiene fin. Los árbitros que fueron seleccionados por Negreira son ahora los encargados de seleccionar las nuevas camadas de Negreira boys.

El caso de la agresión a Valero sin tarjeta roja no es un caso aislado. Es algo habitual. Hace unos meses le dieron un codazo violento en la nuez a Joan Martínez. Le podrían haber enviado al hospital o a la morgue. Arbeloa pidió la revisión del VAR. Es algo que se puede hacer en esa categoría. El árbitro de campo fue al monitor y se mantuvo en su decisión. Se sienten respaldados por el resto de compañeros de sindicato. El sindicato AESAF, del que forman parte todos los árbitros de España, nació con el objetivo de combatir al Real Madrid. Todos están unidos contra el equipo que pide la regeneración del sistema arbitral. Nadie quiere perder sus trescientos mil euros anuales.

En España, la gota malaya es una expresión popular que resulta incorrecta ya que mezcla dos conceptos distintos: la tortura de la gota china y la bota malaya. La gota china es un método de tortura psicológica que consiste en dejar caer agua, gota a gota, de forma constante, sobre la cabeza de una persona maniatada. La bota malaya fue un instrumento de tortura física que permitía apretar y aplastar el pie de un reo mediante un torniquete. Por homofonía, muchas personas han acabado refiriéndose a la tortura de la gota de agua como la tortura de la gota malaya, que se define como un daño, una insistencia o una molestia que se hace de forma muy lenta, constante y continuada hasta agotar la paciencia o la resistencia de alguien.

El Real Madrid sufre la gota malaya del CTA desde hace décadas. En todas las categorías. En todos los partidos. Sentarse a ver un partido del Real Madrid resulta una tortura. Los árbitros perjudican al Real Madrid siempre que tienen ocasión. No disimulan. Están unidos y se sienten fuertes. Porque en este país prevaricar en un terreno de juego nunca ha tenido castigo alguno. Es más, el hecho de prevaricar en contra el Real Madrid o a favor de los intereses del Fúbol Club Barcelona ha sido premiado con la internacionalidad y con finales de Copa del Rey y de Supercopa de España.

Les diré una cosa, Negreira boys. Puedo llegar a entender que beneficien al equipo que pagó a su vicepresidente durante décadas. Al fin y al cabo el vicepresidente que les aseguró los trescientos mil euros anuales cuando les ascendió era un empleado del Fútbol Club Barcelona. Entiendo las simpatías. Entiendo que estén agradecidos y les regalen puntos aquí y allá. Favorezcan al Fútbol Club Barcelona. Protejan a Lamine Yamal. Compadreen con sus jugadores. Toleren sus insultos. Celebren sus goles. Pero dejen de adulterar los partidos del Real Madrid para restarle puntos. Dejen que compitamos. Dejen de quemar las carreras de jugadores, de arruinar fichajes, de enviar entrenadores al paro y de boicotear proyectos deportivos. Dejen de arruinar las ilusiones de millones de aficionados en todo el mundo por trescientos mil euros. Permitan que disfrutemos del deporte más bello. Dejen de ensuciar los partidos del mejor club de la historia del fútbol.


NOTA: Gracias a todos los lectores que me han conocido con Negreira para dummies: el mayor escándalo del fútbol europeo y están comprando también Madridismo sin complejos. Gracias a ustedes se está convirtiendo en un libro de culto entre los madridistas.

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