
Les mean en la boca y no sólo dirán que llueve, sino que no es agua lo que les cae, sino hidromiel que degustan y saborean con deleite.
Yo no sé si es por su odio al Madrid, que rezuma por todos sus poros, pero existe entre los ciudadanos periodistas algo que podríamos llamar síndrome de Estocolmo en relación al Barça. El grado de servilismo, de sumisión incondicional, raya lo enfermizo y patológico. Incluso cuando su equipo es claramente perjudicado u ofendido, siempre encuentran la forma de darle la vuelta a la situación, disculparle y no emitir la más mínima crítica o queja.





