
8 de septiembre de 2026
Real Madrid 2 – 1 Inter de Milán
Vuelve el Real Madrid a la Champions. Los madridistas respiramos. Una competición que no esté manoseada por el CTA siempre resulta un soplo de aire fresco. Preferimos un amistoso en Genselkirchen que cualquier emboscada del CTA en territorio nacional. Todo lo que sea escapar de Louzán, Tebas, Fran Soto, Iglesias Villanueva, Figueroa Vázquez, Trujillo Suárez y sus cómplices resulta un verdadero oasis.
Los pseudomadridistas, ese sector tóxico de la afición, y sus gurús mediáticos – madridistas disfrazados que escupen bilis en Youtube desde su cuarto en el piso de sus padres – estuvieron esparciendo un bulo durante los últimos días. Setenta mil inmigrantes, en su mayor parte marroquíes, entraron en la ciudad española de Ceuta. Pues bien, como, según ellos, el club no lo dirige Florentino Pérez sino Anas Lahgrari, que es marroquí, el Real Madrid iba a prohibir toda manifestación de apoyo a Ceuta. Era un plan sin fisuras. En sus cabezas sonaba fenomenal. Y miles de zoquetes compraron la mercancía averiada. La grada fans del Real Madrid hizo un homenaje a Ceuta antes del inicio del partido, mostrando la bandera de la ciudad autónoma y coreando «¡Ceuta no se vende, Ceuta se defiende!». Además el Real Madrid publicitó el homenaje a Ceuta en su página web. El ridículo que han hecho los presuntos insiders ha sido histórico. Dejen de informarse a través de esos cenutrios. No pierdan el tiempo. La vida es demasiado corta.
El Madrid tiene a todo el centro del campo sancionado o lesionado. Camavinga, Bernardo Silva y Arda Guler no pueden jugar por sanción. Don Aurélien Tchouaméni viene de una lesión y tan solo ha podido completar un entrenamiento con sus compañeros. El desafío es mayúsculo. Según la prensa del negreirato, esa alfalfa que consume el pseudomadridismo, el Madrid no tiene centro del campo. Sin Rodri no somos nadie. El Madrid no ganó nada antes de Kroos y Modric. El Madrid no va a ganar nada porque no ha fichado a Rodri. Hoy ni siquiera vamos a poder contar con nuestros mediocres centrocampistas. Hoy solo tenemos a uno. A Federico Valverde. No hay más efectivos.
Don José Mourinho va a alinear lo que puede. Trent, que jugó algunos partidos de centrocampista con el Liverpool y con la selección inglesa, y Brahim acompañarán al capitán uruguayo. El desafío es mayúsculo. Nos enfrentamos a un Inter que viene de ganar el scudetto y de llegar a dos finales de Champions recientemente. Equipo maduro y trabajado. Don José Mourinho destacaba la estabilidad institucional y deportiva del Inter en la previa del partido.
Los madridistas le tenemos un cariño especial al equipo interista. Los dos últimos recuerdos que tengo de ellos son felices. Don José Mourinho eliminando de la Champions al Fútbol Club Barcelona de Villar y Negreira jugando con diez en el Camp Nou en semifinales. Los de los valors encendieron los aspersores para disolver la celebración de los italianos. Esta semana un periodista italiano le regaló un aspersor a don José. Mourinho le preguntó si tenía que pagarlo. Y se lo llevó. El partido de los aspersores le valió a The Special One su fichaje por el Real Madrid. El resto es historia.
El último recuerdo feliz fue una remontada épica del Inter al Fútbol Club Barcelona con goles de Acerbi y Fratesi. Lo mejor de ese partido fueron los goles italianos que dieron la vuelta a la eliminatoria justo cuando las trillizas culés de Movistar y Dani Senabre en COPE estaban eyaculando cual Fontana de Trevi deshaciéndose en elogios hacia el Barça de Flick, de Pedri y de Lamine Yamal. Los jugadores del Barcelona habían celebrado sus goles en la cara de los rivales. El karma les puso en su sitio. El Inter salvó el fútbol.
El partido empieza como una película de Michael Bay. Explosiones, músculos, tiroteos y adrenalina. Solo falta la cocaína. Algún youtuber la echará de menos. El Inter empieza avasallando. Encierra al Madrid en su área. Llega con peligro. Y empieza el tiroteo. Courtois empieza su trabajo habitual. Le damos normalidad a algo que es sobrehumano. Lo del belga no es de este mundo. Nos hemos acostumbrado a que realice grandes paradas una y otra vez. En el minuto dieciséis ya llevaba tres. El bombardeo interista es intenso. Los chicos están muy concentrados en defensa, pero quizás estamos demasiado metidos en el área. El Inter llega bien por las bandas y combina con paciencia, filtrando pases al área y lanzando centros laterales por tierra, mar y aire. El Madrid está muy estresado.
Pero el Madrid de Mourinho empieza a desarrollar una gran virtud. Está ejecutando cada vez mejor la presión arriba. En un robo de balón del equipo, Mbappé se planta delante de Josep Martínez y marca el primero. Unos minutos después, nuestro último centrocampista vivo se transforma en Karim Benzema, presiona al portero y marca un gol muy importante. Dos robos, dos goles. Tras el partido muchos destacarán que el Madrid ha marcado en dos errores del Inter para quitarle mérito a su victoria. Hay gente que ve los partidos mientras juega al Candy Crush. Precisamente los dos goles del Real Madrid son fruto de una estrategia muy bien trabajada, que es la presión arriba. De ahí surgen los dos goles. No son errores del Inter. Son errores forzados por la buena presión del Madrid.
El Inter sigue insistiendo, juegan muy bien, son rápidos y derrochan intensidad. Es un equipo muy trabajado. Pero el Madrid casi marca el tercero en el último minuto de la primera parte. Hubiese sido un castigo excesivo. Hoy han entrado las ocasiones que no entraban contra el Betis. Nos vamos a vestuarios con un gran resultado. El esfuerzo del equipo ha sido encomiable.
Nada más empezar la segunda mitad, Mbappé se planta ante el portero y le regatea, pero llega un defensa y se interpone, Josep Martínez recupera su posición y consigue detener el remate de Kylian. El Inter está haciendo un gran partido, pero, con un poco más de acierto, podríamos ir cuatro a cero .
Courtois continúa realizando grandes paradas. Ambos equipos no dejan de dispararse. No hay tregua. Guerra sin cuartel. No hay mediocampismo. El partido está loco. Así lo definirá The special one en la rueda de prensa. Brahim da dos asistencias, una a Mbappé y otra a Jude, pero no saben aprovecharlas. El equipo empieza a tener el mismo poco acierto que contra el Betis. El mejor jugador del Inter es su portero Josep Martínez, el mejor jugador del Madrid es Courtois. El partido podría ser una goleada a favor de cualquiera de los dos equipos de no ser por ellos. El portero interista hace el partido de su vida. Como el portero bético hace unos días.
El equipo empieza a acusar el esfuerzo. Ya no estamos tan juntos, pero Mourinho no tiene las alternativas que le gustaría. Don José apura el oxígeno de Trent hasta que se vacían sus reservas y saca a don Aurélien. Cómo le he echado de menos. Será titular imprescindible con don José, como lo fue con don Carlo. Nada más salir, Tchouaméni se tira a bloquear un tiro a puerta y le resta la intensidad necesaria para que Courtois pueda atajarlo. Era el empate interista.
Diomande, al que el pseudomadridismo tóxico – disculpen la redundancia – ya ha sentenciado, posiblemente en parte por su oscuro tono de piel y su procedencia, sustituye a Brahim y realiza varias buenas jugadas. Yan se suma al bombardeo al portero valenciano con un buen disparo. Pero Martínez pone un puño de hierro a lo Campeones y el balón sale rebotado con violencia, como si hubiese rebotado en el palo o en don Manuel Neuer.
Hay que destacar el compromiso de todo el equipo. Don Dean Huijsen está creciendo mucho en estos partidos con Mourinho. El ilustre portugués dejó caer que está muy bien ser guapo y sacar bien jugado el balón, pero un central tiene que ir más fuerte al corte. El joven central madridista reconocerá tras el partido que Mourinho le mete mucha caña y que está aprendiendo mucho con él. Al bueno de Dean le falta la mala leche de Pepe y Ramos. Él es un perfil más Varane. Discreto y elegante. Pero don José le está realizando transfusiones de mal carácter para que sea más fiero en los balones divididos.
Otro gran destacado en la entrega y en la lucha fue don Vinicius José Paixão de Oliveira Junior, que realizó nueve recuperaciones en defensa. Algo que no se veía en un delantero del Real Madrid desde hace veinte años. Mourinho destacará después en rueda de prensa que Vinicius trabaja mucho y merece todo su respeto. No está a tope. Él lo sabe. Pero está trabajando mucho. Más que nunca. Si en alguna jugada no ha podido defender ha sido por fatiga. Mourinho reconoce su entrega. Quien lo da todo no está obligado a más y el lo ha dado todo. Otra cosa es que el sector tóxico del madridismo, los riquelmistas, los españolizadores, los vinagres, los piperos, los snobs, los racistas y los xenófobos decidan pitarle porque les cae mal. Hay presuntos madridistas a los que no les gusta Florentino, no les gusta Mourinho, no les gusta el nuevo Bernabéu, no les gusta Mbappé, no les gusta Camavinga, no les gusta Vinicius, no les gusta Bellingham, no les gusta Tchouaméni, no les gusta Diomande. Ellos son de Rodri y de España. Con lo fácil que les resultaría abrazar la fe azulgrana y dejar de sufrir. Dejaríamos de escuchar sus sollozos a todas horas.
Y luego están los de «el Real Madrid no juega a nada». Y los de «el Real Madrid no tiene centro del campo». Convendrán conmigo en que algún mérito tendrá generar una decena de ocasiones claras de gol sin jugar a nada y sin centro del campo. Y sin Rodri. Deberían darle una vuelta a sus slogans. Todos los méritos del Madrid los atribuyen siempre a deméritos del rival. Como Maldini y Carlos Martínez. El objetivo del fútbol es meter goles y para eso hay que generar ocasiones de gol, no dar pases horizontales en el centro del campo hasta que el sopor y la modorra infecten al rival.
El partido ha sido precioso. Da gusto ver a dos equipos históricos de Europa intercambiando golpes. El Madrid, con un tan un solo centrocampista vivo, perdonó tres o cuatro goles más. Pero podría haber ganado cualquiera de los dos equipos. Los mejores jugadores del partido fueron los dos porteros, que intercambiaron sus camisetas al final. El equipo estuvo muy serio y muy comprometido. Lucharon, sufrieron y estuvieron unidos en momentos de dificultad. Mourinho estará orgulloso de los chicos. Yo también.
NOTA: Gracias a todos los lectores que me han conocido con Negreira para dummies: el mayor escándalo del fútbol europeo y están comprando también Madridismo sin complejos. Gracias a ustedes se está convirtiendo en un libro de culto entre los madridistas.







