Cuando les conviene, son especialistas en volver lo blanco negro a o viceversa, convertir a un villano en un santo y a una víctima en culpable.

Para algunos no rigen las normas establecidas para la convivencia en sociedad. Ahora resulta que los precios no los pone el vendedor sino el comprador. Ahora resulta que si alguien te ofende tienes que postrarte a sus pies y darle las gracias porque se ha dignado a pedirte disculpas, pero no motu proprio, sino después de que te hayan tirado de las orejas. Está claro que para algunos el mundo debe funcionar al revés que para el resto de los mortales.

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