3 de mayo de 2026

Espanyol 0 – 2 Real Madrid

Vuelve el Madrid a Cornellá. Esta vez no se juega una liga. Simplemente se juega evitar una falsa polémica mediática. Todo el antimadridismo está salivando ante la posibilidad de que la plantilla del Real Madrid le tenga que hacer un pasillo al equipo que le pagó al vicepresidente de los árbitros durante varias décadas. Porque el Fútbol Club Barcelona, en una España donde los corruptos campan a sus anchas, en lugar de estar jugando en Segunda División, pretende que todo el fútbol español les hagan un pasillo y les aplaudan. Es el mundo al revés. Estas cosas solo pueden ocurrir en fútbol tan corrompido como el español. No duden que, una vez se proclamen campeones de La Mugrienta, tanto el Alavés, como el Betis y el Valencia aplaudirán con las orejas al equipo que se pasea por los campos de España cogido del brazo de los cachorros de Negreira que pueblan el CTA.

Si el Real Madrid gana, nos ahorraremos el bochorno de escuchar los consejos de los pseudomadridistas de la Cofradía del Falso Señorío Madridista, que abogan por hacerle el pasillo a un club que ha convertido el fútbol español en una farsa adulterada. Sí, esos a los que don José llamaba «madridistas disfrazados». Esos que temen el segundo advenimiento del Special One de Setúbal. Don José Mourinho de primer entrenador, don Álvaro Arbeloa de segundo y orden de don Florentino de abandonar el campo cada vez que se produzca una negreirada. Y así hasta que caiga el fútbol español. Eso sí sería rock and roll.

El Madrid aparece en Cornellá con nuevos lesionados. Van cayendo uno tras otro. Esta vez se caen Mbappé y Carvajal. La canallesca española difunde que Mbappé se ha borrado. Sin embargo sobre Carvajal no osan diseminar ningún infundio. Carvajal es español y juega, o jugaba, en La Roja. No es el qué, es el quién. El nacionalperiodismo. Y ahora que han visto que no pueden con Vinicus Jr., al que llevan siete años intentando expulsar de España, la han tomado con la otra estrella del Real Madrid. Su oficio es desprestigiar al Real Madrid y a sus jugadores para desestabilizar al club y al equipo. Cualquier parecido con el periodismo es pura coincidencia. Las asociaciones de periodistas son como el sindicato de árbitros. Corporativismo puro y duro. Defienden a capa y espada a cualquiera de su gremio, aunque deshonren a toda la profesión.

Por cierto, la AESAF (Asociación Española de Árbitros de Fútbol), ese sindicato que crearon los árbitros la pasada temporada, todavía no ha emitido comunicado ninguno sobre las palabras de los directivos del FC Andorra a sus colegiados. El FC Andorra es propiedad del supremacista catalán Gerard Piqué. Sí, ese que se llevó 24 millones de euros por organizar la Supercopa de España en Arabia Saudí. Y lo hizo mientras era capitán del Fútbol Club Barcelona. En connivencia con el Presidente de la Real Federación Española de Fútbol. Sí, Luis Rubiales. El del piquito a la Jenni. Puro torrentismo. La España de Berlanga. Entre ellos se llamaban Rubi y Geri. El capitán de uno de los equipos participantes en una competición se llevaba 24 millones de euros por organizarla. El conflicto de intereses era evidente. Pero nada nos sorprende en el putrefacto fútbol español. Pero regresemos a Andorra. Gerard Piqué le dijo a los árbitros: «salid escoltados no os vayan a agredir». Ferrán Vilaseca, otro de los directivos, se acercó a escasos centímetros del delegado informador y le empujó con el pecho, cerrando el puño y levantándolo con intención de golpearle, siendo detenido por la policía. Justo antes de abandonar el parking y estando los árbitros ya en el vehículo, Ferrán Vilaseca les dijo: «Ojalá tengáis un accidente». Gerard Piqué le dijo al Delegado Informador: «En otro país os revientan, pero aquí en Andorra somos un país civilizado». El AESAF todavía no ha emitido ningún comunicado condenando los hechos para defender a sus árbitros. Ni lo va a emitir. Porque el sindicato de árbitros se creó únicamente con una finalidad: luchar contra el Real Madrid. Recuerden que el sindicato emitió su primer comunicado cuando Florentino Pérez mostró los saldos arbitrales de las últimas décadas en la Asamblea General de Socios. El último comunicado ha sido para condenar las palabras del periodista José Luis Sánchez, que opinaba que, cuando se produzca una negreirada, todos los jugadores del Real Madrid debían ir a por los árbitros. Se refería a rodearles para protestar. Como hacen todos los jugadores del Fútbol Club Barcelona. No pedia que les lincharan. Pero el AESAF interpreta lo que quiere, en el campo, en el VAR y en sus oficinas. para ellos lo de José Luis Sánchez es alentar a la violencia. Lo de Gerard Piqué y Ferrán Vilaseca no. El AESAF es un colectivo de árbitros que muestra animadversión hacia uno de los equipos a los que deben juzgar cada jornada. En cualquier otro país serían recusados.

Pero regresemos, esta vez sí, a Cornellá. Arbitran la pareja formada por Gil Manzano y Figueroa Vázquez. Ambos expulsaron a Huijsen en Anoeta en el primer partido de La Mugrienta. Figueroa Vázquez, viendo en los monitores de la sala oscura de Las Rozas que Huijsen estaba mal expulsado – ni era el último defensa, ni Oyarzabal tenía el balón controlado, ni estaba en la zona DOGSO – decidió no avisar a Gil Manzano porque no le dio la gana. Hoy sí le avisará para quitarle una tarjeta roja a Omar El Hilali. Una tarjeta roja que no era. Pero se trata de una jugada en que, según las peroratas de la portavoz del CTA en su Tiempo de Prevaricación, el VAR no debe avisar porque no se trata de un error claro, obvio y manifiesto, el árbitro de campo ve bien la jugada porque está bien situado – a menos de un metro – y es a él a quien corresponde juzgar la intensidad del contacto. Pues eso, según ellos no debe entrar el VAR, pero hoy sí entra. Figueroa Vázquez es el árbitro de VAR con el que el Real Madrid ha perdido más puntos por errores arbitrales esta temporada. Nos ha aplicado un factor corrector de siete puntos. Es una de las estrellas de la sala oscura de Las Rozas.

A los nueve minutos de partido se nos lesiona por enésima vez el mejor lateral derecho defensivo del mundo. Se despide con una última heroicidad, avanza lesionado unos metros para cederle el balón a Lunin antes de caer al suelo. Espero que don Ferland descanse. Que alguien le sumerja este verano en la marmita de Obélix, por favor.

El partido empieza con Vinicius echándose a los hombros al equipo. Como ha hecho en toda la etapa post Cristiano. Don Vinicius José Paixão de Oliveira Júnior nos ha liderado por la travesía del desierto. Ha liderado al equipo y al club tras la etapa más exitosa de su historia. Y en momentos difíciles y convulsos, ha conseguido llevar al equipo a la consecución de dos Champions League con las que nadie contaba. Lo ha hecho con su insistencia y su determinación.

A Vinicius le cosen a faltas durante todo el partido. Todo con el beneplácito de Gil Manzano. En un solo minuto le empujan tres veces. Sigan. En un forcejeo con un jugador que le marca en una contra, lejos de donde se juega el balón, Vinicius verá la tarjeta amarilla. Es el método del CTA para descentrarle. Gil Manzano le arbitra con inquina. O no pita las faltas que le hacen una y otra vez o no las castiga con amarilla. Todo para desquiciar al brasileño. Hay una jugada muy llamativa en la que un jugador del Espanyol le arrolla y Vinicius cae. Gil Manzano le dice a Vinicius que no es nada y le hace el gesto de que se levante. El linier, que está al lado de la jugada, levanta el banderín indicando la falta. Un linier honrado dejando en evidencia a un cachorro de Negreira. No le auguro mucho futuro en el CTA de Fran Soto.

Vinicius está muy serio. Lo intenta una y otra vez. Insiste. Está volviendo locos a todos los defensas del Espanyol. Solo pueden pararle con faltas. Es un espectáculo de jugador. Pero su semblante es de enfado monumental. Está harto de ver negreirear a Gil Manzano. Es verle la cara y le entran arcadas. Como a Manolo González cuando pisa el Camp Nou.

Vinicius acaba decidiendo el partido. Está eléctrico. Se va de la defensa como quiere, esta vez no le atrapan, va sorteando rivales desde su hábitat natural hacia el centro del área. Una vez allí, bate a Dmitrovic con tranquilidad. Un gol maravilloso. En los rostros de los defensas blanquiazules se refleja la impotencia. No pueden con el brasileño. Unos minutos después tira una pared con lord Bellingham. Jude se la devuelve de tacón y Vini bate al portero serbio con un remate al primer toque. Jugada maravillosa. El partidazo de Vinicius es toda una exhibición. Hay pseudomadridistas que no lo disfrutan porque cuatro youtubers presuntamente madridistas les han hecho creer que es el culpable de todos los males del Real Madrid. Nada peor que los quintacolumnistas aliados con los racistas y con los antimadridistas que llevan años intentando expulsarle de España. Tranquilos. El anuncio de su renovación está cerca. Muy cerca. Vais a padecer a Vinicius durante muchos años. Quizás sería mejor para vuestra salud mental abrazar abiertamente el barcelonismo y adorar a Lamine Yamal. No temáis salir del armario por el qué dirán. Todos vuestros familiares y amigos lo saben desde hace tiempo.

Con estos dos goles, Vinicius llega a la cifra de veintiún goles esta temporada. Ha superado los veinte goles durante más de cinco temporadas consecutivas en el Real Madrid. En este selecto club solo están don Manuel Fernández Fernández «Pahiño», don Alfredo Di Stéfano Lhaulé, don Ferenc Purczeld Bíró «Puskás», Don Hugo Sánchez Márquez, don Raúl González Blanco, don Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro, don Karim Mostafá Benzema y él. Recuerden a aquellos que afirmaban que el gol se tiene o no se tiene y que Vinicius no lo tiene. Los datos siempre acaban enterrando los relatos. La realidad golpea con fuerza. Las palabras vacías se las lleva el viento. Los goles quedan para la historia. Y nadie resiste las ganas de vencer de Vinicius de don Vinicius José Paixão de Oliveira Junior.

NOTA: Gracias a todos los lectores que me han conocido con Negreira para dummies: el mayor escándalo del fútbol europeo y están comprando también Madridismo sin complejos. Gracias a ustedes se está convirtiendo en un libro de culto entre los madridistas.

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