
¡Qué manía con dar argumentos al enemigo! Y si no argumentos, sí la posibilidad de que se aferren a unas declaraciones, obviando la parte que no les interesa, para llevar el agua a su molino.
Hay que reconocer que en esto somos inigualables. Cuando parece que la situación se está reconduciendo, casi siempre aparece alguien para retroceder dos o tres pasos. Somos expertos en proporcionarles balones de oxígeno a sus argumentos, aunque para ello tengan que retorcer la realidad obviando las partes que no se ajustan a su relato. Y cuando parece que están dando manotazos de ahogado, aparecemos con el bote salvavidas para rescatarles.





