Se dice que el papel lo aguanta todo, que cualquier proyecto parece viable en la teoría, pero después aparece la realidad con el mazo y te despierta de la ensoñación.

Cuando alguien me plantea que hay que fichar un jugador, siempre respondo lo mismo: a quién, de qué equipo y por cuánto dinero. Con los planes de Enrique Riquelme para el Real Madrid me hago casi las mismas pregunta: cuál es el presupuesto, de dónde va a salir el dinero y qué rentabilidad va a tener. Aparentemente, todo es muy bonito, pero no sea que algunos terminen cantando el dinero en el campo, y no precisamente en el campo de Valdebebas.

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