Es como si, antes de comenzar un concurso oposición, la plaza ya estuviese concedida porque quienes han de hacer la evaluación han establecido unos requisitos que sólo cumple un aspirante.

Al final, se trata de imponer su relato y en general lo han conseguido. El buen fútbol es el que ellos nos dicen y ningún otro. Como consecuencia de ello, la estética buena es sólo la que ellos proclaman. Por lo tanto, para juzgar a un futbolista sólo valen los parámetros que ellos deciden. Cualquiera que se salga de ellos puede ser trabajador, profesional e incluso conseguir marcar más goles que nadie, pero no pasará de ahí, de la condición de esforzado atleta.

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