Son personas de firmes convicciones, de sólidos principios, a no ser que entren en colisión con sus intereses económicos. En ese caso, son capaces de arrastrarse servilmente como una babosa.

Más vale barcos sin honra, siempre que los barcos sean propiedad de quien así habla. Hay que ser coherente y defender los valores esenciales de la democracia, excepto si esa actitud entra en colisión con los intereses económicos. En ese caso, lo recomendable es agachar la cabeza servilmente, pedir perdón una y mil veces, a ser posible de rodillas y con los brazos en cruz. Azotarse la espalda con un látigo de siete colas es opcional, pero altamente recomendable.

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