Hasta que no ha habido algo positivo que contar, la identificación del energúmeno que agredió a Camavinga en el Camp Nou, han pasado del tema como de la peste. Prioridades, supongo.

Alguien que sólo se informe a través de los programas de radio dedicados al deporte, ayer se llevaría una gran sorpresa. Resulta que se había resuelto un hecho que, justo hasta ayer mismo, prácticamente no había existido. Y no se trataba de un hecho baladí, no, se trataba de un golpe propinado en la cabeza de un jugador del Madrid con el palo de una bandera por un socio del Barça. Ayer se supo que le habían identificado. Y casualmente ayer nos enteramos oficialmente de la agresión. Hasta entonces no había suscitado debate ni repulsa por parte de los ciudadanos periodistas.

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